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martes, 6 de mayo de 2025

Cuando los problemas nos impiden disfrutar

 

En ocasiones, el sexo no funciona como debiera porque, como suele decirse, "tenemos la cabeza en otro sitio". El estrés y las preocupaciones no nos permiten concentrarnos en nuestras propias sensaciones, haciendo que el deseo decaiga y no obtengamos la satisfacción esperada.

  • Para disfrutar de nuestro cuerpo, es conveniente desconectar previamente nuestro cerebro. Si estamos pensando en poner la lavadora o en ese informe que debemos preparar, es muy difícil atender a la llamada del deseo. Es necesario, por lo tanto, relajarse y dejarse llevar.

  • Para ello, es conveniente que, al menos durante el tiempo que duren  tus relaciones sexuales, estés lo más entregado/a posible. Si te asalta algún pensamiento inconveniente, en lugar de darle vueltas, frénalo en seco desde el primer momento. Se trata simplemente de expulsarlo de tu mente, concentrándote en lo que realmente importa: dejar que te dominen tus sensaciones.

  • Si estás demasiado estresado/a o preocupado/a para poder concentrarte, establece un ritual para desconectar. Un baño en pareja, un masaje relajante..., cualquier método es bueno para prepararse para el amor.

  • Y, por último. No postergues el sexo al último lugar de la lista. Disfrutar de tu cuerpo es tan o más importante que muchas de tus tareas diarias.

sábado, 15 de agosto de 2015

La vuelta de vacaciones y su incidencia en el sexo



Volver al trabajo supone un gran cambio que no solo afecta al ritmo de vida, sino también a la salud sexual, que puede verse afectada por esta nueva etapa.

Estrés. Según un estudio, el 74% de los hombres con disfunción eréctil sufre estrés. Este trastorno es una de las consecuencias de la reincorporación a la vida laboral y de las responsabilidades y retos a los que deben hacer frente. Estos compromisos aumentan la tensión y las preocupaciones, causando un aumento de la segregación de adrenalina en el organismo. Esta hormona actúa como vasoconstrictor, reduciendo la capacidad circulatoria y perjudicando las erecciones y, por tanto, las relaciones íntimas.

Combátela. Muévete y haz ejercicio para liberar tensión. También debes llevar una dieta adecuada, evitar el alcohol y el tabaco, dormir lo suficiente e intentar aparcar las responsabilidades laborales cuando salgas de la oficina.

No pierdas el ritmo. A pesar de la ansiedad, mantener relaciones sexuales de forma habitual ayuda a relajarnos y beneficia al organismo, ya que. durante el coito, se acelera el ritmo cardíaco de una forma sana y mejora el estado general de las arterias y, paradójicamente, ayuda a combatir estrés.


sábado, 8 de marzo de 2014

Enciende el deseo... con más deseo


Dice el refrán que "comer y rascar, todo es empezar". Lo mismo ocurre con el sexo. Si mantenemos la libido despierta, nos será más fácil encender la mecha que si nos olvidamos completamente de ella. A continuación cómo conseguirlo.

  • Cuanto más placenteras son las relaciones sexuales, más se despierta el deseo. Para establecer ese círculo mágico y entrar en una "rueda del placer", es necesario que empieces a partir de ahora mismo a cambiar el chip.
  • Mantén un contacto físico constante con tu pareja. No te acerques a ella únicamente cuando quieras tener sexo. Los besos, las caricias, los masajes relajantes y los abrazos establecerán un clima afectivo que mantendrán vivo el deseo.
  • Aprende el arte de la provocación. Sorprende a tu pareja en los momentos menos esperados con frases intencionadas, mensajes de móvil picantes, regalos eróticos... Se sentirá halagada y la intensidad sexual irá aumentando de forma progresiva.
  • Establece con antelación una cita erótica. Aunque en sexo siempre se aconseja la espontaneidad, lo cierto es que, programando el encuentro, se consigue anticipar el placer y prepararse a conciencia para obtener una mejor imagen de uno mismo, y por lo tanto una mayor autoconfianza.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Las etapas de una relación sentimental


La trayectoria de una pareja pasa por varias fases: el enamoramiento, la llegada del primer hijo, la época de la madurez... Cada una de ellas tiene sus ventajas e inconvenientes y, para disfrutar plenamente de todas ellas, es importante saberse adaptar a sus características. Cómo hacerlo:

-Los seis primeros meses. El deseo sexual es tan intenso y apabullante que todo lo demás queda en un segundísimo plano. Qué hacer. Por muy fuerte que sea la pasión, nunca pierdas de vista otros aspectos importantes de tu relación. Te ayudará a conseguir continuidad en el futuro.

-Los tres primero años. La unión se afianza día a día y, si fuiste cauto/a en la etapa anterior, viviréis una época muy plena y feliz. Qué hacer. Aprovecha la confianza de la que gozáis para limar posibles asperezas y adaptaros mejor el uno al otro.

-A partir de los tres años. La unión es total, aunque es posible acusar una cierta monotonía, sobre todo por lo que respecta al sexo. Qué hacer. No te olvides de los mimos y sigue ganándote el amor de tu pareja a diario.

-Llegan los niños. Aumentar la familia refuerza los lazos, pero también puede convertirse en una fuente de problemas. Qué hacer. No renunciéis a la intimidad. Reservaros momentos para estar solos y tranquilos.