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lunes, 28 de junio de 2021

La experiencia del invierno

 

Ya no contamos los años por inviernos; a lo sumo por primaveras y en el caso de que se trate de una persona joven. Sobrevivir a la estación oscura y fría no es noticia, al contrario de lo que sucede con el esplendor juvenil. Se espera que el invierno sea benigno y pase lo antes posible. Pero se diría que al invierno no le gusta poner las cosas fáciles, no es su estilo. Por eso suele hacerse largo y duro de atravesar. Tanto, que empieza con unas prudentes vacaciones para alumnos y maestros, o con las salas de urgencias congestionadas de pacientes. Y su final viene a coincidir con la Semana Santa, donde se conmemora el triunfo de un amor que disipa las tinieblas. La vida será algo casi inevitable a partir de ese momento.

Pero hasta entonces hará falta previsión y perseverancia para desenvolverse por ese territorio. Los inviernos de hoy pueden ser más dulces que los de antaño gracias a la calefacción, si bien eso no basta para conjurar los peligros. El ánimo se contrae, la ansiedad acecha, las articulaciones o la espalda envían tal vez dolorosos mensajes. Es posible que nos envuelva un sentimiento de soledad o que un ser querido concluya su andadura por esta tierra.

El invierno no es un mero paréntesis en el conjunto del año. De alguna manera, nos propone un cambio de nivel. La luz o la alegría escasean fuera, habrá pues que bombearlas desde dentro. El frío poda lo superfluo y realza lo esencial por contraste. Las fiestas de Navidad y Año Nievo, a menudo desaprovechadas, ofrecen un viejo antídoto para reconciliarse con todos esos aspectos gracias al calor de la familia y los amigos.


lunes, 19 de abril de 2021

Por qué es tan importante la amistad


Disfrutar de la compañía de nuestros amigos es mucho más que una forma agradable de pasar el rato. La amistad nos hace mucho más felices y mejora nuestra salud, tanto física como mental.

  • Relacionarse con nuestros congéneres es una necesidad primaria. La pertenencia a un grupo social proporciona, en todas las especies, seguridad, protección y, por lo tanto una mayor posibilidad de supervivencia.

  • Este instinto atávico está todavía presente en los seres humanos. Según recientes estudios, disfrutar de una buena amistad aumenta las endorfinas (las hormonas del bienestar), por lo que nos hacen sentir más felices y optimistas.

  • La amistad también influye muy positivamente en nuestra salud. Según el estudio citado anteriormente, las personas que disfrutan de la compañía de buenos amigos pueden vivir hasta un 22% más que los que prefieren la soledad, además de disfrutar de una mejor forma física.

  • La amistad, además, contribuye a aumentar la autoestima. Disfrutar de una vida social satisfactoria, ser apreciado y valorado por nuestros semejantes, nos hace personas más sólidas, positivas y mucho más confiadas.


viernes, 14 de diciembre de 2012

Abrazos, besos y vida


Nos abren al otro y refuerzan la salud


Cada uno de nosotros fue concebido entre besos y abrazos, y saludando al llegar a este mundo con abrazos y besos que aportaron a nuestra piel no solo afectos sino también la flora bacteriana del grupo familiar. Como otros muchos animales de sangre caliente, el ser humano necesita el abrazo para mantener ciertas constantes biológicas y ambientales, y estabilizar su microflora. Los animales que viven solitarios, sin acercamiento a otros animales, enferman más, son más débiles y vulnerables, y mueren más jóvenes.

Se dice que el mejor remedio para un niño con problemas es el contacto directo con la piel de la madre. Un abrazo grande, poder mamar o recibir el beso de la madre probablemente resuelven el 99% de los problemas de cualquier lactante.

Puede parecer raro que la vergüenza y el pudor lleven a controlar el contacto físico. El olor y la atracción también crean barreras. A veces avisan de que el otro no siente afecto por nosotros o de que nos irá mal si nos acercamos a él o a su familia. Se pueden dar besos o abrazos por sms o correo electrónico, pero otra cosa es darlos de verdad cuando la persona está delante.

Las inhibiciones de besar o abrazar pueden obedecer también al miedo, que avisa del peligro de acercarse a alguien. Otras veces es el olfato el que advierte de que hay grupos bacterianos no convenientes.

Es ingente la cantidad de datos que el ser humano procesa de forma espontánea para saber si una persona le cae bien y puede abrirle los brazos y ofrecerle sus besos. Cuando esta situación se da, el cuerpo es capaz de recibir y dar salud, calor, afecto y bacterias que irán de mano en mano con el apretón y de boca en boca con cada beso.

Compartir emociones

La necesidad de contacto físico parece acentuarse en momentos de catástrofe o de triunfo. Nos acercamos a echar una mano en un accidente o una inundación, y un gol lo celebramos con besos y abrazos. Esos contactos refuerzan el sentimiento de pertenencia al grupo y el bienestar que este genera.

La relación del grupo se mantiene con el contacto, que da fuerza, vigor y sentido de unión. Cuando no hay seguridad en las emociones, se prefiere poner la tele y vivir las emociones de otros.

Si la medicina del niño son los besos y abrazos de su madre, en la medicina del adulto los médicos pueden utilizar la mano que palpa, explora o masajea, el toque de ánimo o el toque terapéutico. Con ellos aumentan la calidez y la calidad de los cuidados, y estos se vuelven, por supuesto, más efectivos.

Recomendaciones

Cuando uno se acostumbra a la soledad, se hace más difícil volver a compartir las caricias, los abrazos y los besos. Es importante recuperarlos en el grupo familiar.

Del contacto pueden salir el afecto o la lucha, pero aun si sale la lucha y esta es de cuerpo a cuerpo, los luchadores acabarán siendo amigos con más facilidad que si se interponen los cuchillos o las pistolas.


Dr. Pablo Saz

Médico, autor de numerosas obras,
trabaja como investigador y docente
en la Universidad de Zaragoza.