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miércoles, 11 de febrero de 2026

Cómo hacer frente a las alergias primaverales


Exponerse lo menos posible a los alérgenos y seguir el tratamiento adecuado son las medidas que más nos ayudarán a reducir los síntomas de las alergias.

El polen es una sustancia inofensiva para la gran mayoría de personas, menos para aquellas que son especialmente sensibles a ella. Para esta parte de la población, el simple contacto con esta sustancia hace que su organismo reaccione de forma exagerada, causando una serie de síntomas que pueden resultar muy molestos. 

Loa niños, principales afectados

Las alergias suelen aparecer mayoritariamente entre los 10 y los 30 años de edad, pero según la SEAIC (Sociedad Española de Alergología e Inmunología), cada vez hay más casos en los que se detectan antes.

Señales. Las más frecuentes son la rinitis alérgica y otras enfermedades asociadas como la conjuntivitis, el asma o la dermatitis atípica.

Herencia. Cuando uno de los progenitores es alérgico, es muy probable que el niño también lo sea, ya que es un trastorno con un fuerte componente hereditario.

¿COMO PUEDO SABER SI SOY ALÉRGICO?

Hay una serie de molestias que, a pesar de ser muy similares a los del refriado común, pueden hacernos sospechar la presencia de una alergia al polen.

  • SINTOMAS. Varían mucho tanto en localización como en intensidad, pero los más habituales suelen ser picor en la piel y en los ojos, estornudos, secreción nasal acuosa, tos y picor en la garganta y silbido en el pecho. Todas estas molestias suelen aparecer de forma súbita, inmediatamente después de exponerse al alérgeno. 

    PRUEBAS. Ante la sospecha, debemos acudir a un alergólogo y someternos a los exámenes pertinentes para saber, en primer lugar, si sufrimos una alergia y, en segundo, cuáles son las sustancias que la provocan. Los estudios alergológicos se llevan a cabo depositando sobre la piel pequeñas cantidades del alérgeno sospechoso y esperar la reacción. También se pueden realizar análisis complementarios, como la determinación en sangre de una inmunoglobulina llamada IgE específica, pruebas respiratorias, rinomanometría, etc.


¿SE TRATA DE UNA ALERGIA O DE UN SIMPLE RESFRIADO?

Sus síntomas suelen ser muy similares, pero hay algunas diferencias que nos ayudarán a distinguir ambas dolencias.

ALERGIA. Evolución. Empieza de forma brusca y tiene una duración de cuatro a seis semanas y su intensidad es variable. En los días secos y soleados, por ejemplo, los alérgicos se sienten peor que en húmedos y lluviosos. Síntomas. Picor y enrojecimiento de ojos y nariz, lagrimeo, secreción nasal líquida y clara y estornudos. Si se sufre asma se puede sufrir además, tos seca, sibilancias y dolores en el pecho al respirar.

RESFRIADO. Evolución. Su inicio es gradual y suele durar entre cinco y siete días. Síntomas. Suele sufrirse congestión nasal, mucosidad abundante, estornudos, tos y, en ocasiones, fiebre, malestar general y dolor de cabeza y de garganta.




 MEDIDAS PREVENTIVAS

Además del tratamiento prescrito por el especialista, es muy importante intentar no exponerse en exceso al polen. Estas medidas nos ayudarán a conseguirlo.

  • EN EL EXTERIOR
-No frecuentes lugares en los que haya abundante vegetación (campo abierto, parques, jardines, etc.)

-Reduce la práctica de deporte al aire libre.

-Trata de no salir a última hora de la tarde, ya que es cuando se registran las mayores concentraciones de polen.

-Evita los desplazamientos en moto o en bicicleta. Si viajas en coche, no bajes las ventanas.

-En la medida de lo posible, procura no salir al exterior los días de viento, ya que el polen se propaga con más facilidad.

-Utiliza gafas de sol para evitar el contacto directo del polen con la conjuntiva.

  • EN CASA

-Mantén las ventanas cerradas para evitar la entrada de polen durante la mayor parte del día. Si tienes aire acondicionado, procura que disponga de un filtro antipolen.

-Utiliza el aspirador en lugar de la escoba y limpia el polvo de las superficies con una bayeta húmeda. Una vez a la semana, pasa el aspirador por cortinas, colchones, almohadas, etc.

-Si en tu casa hay un ambiente muy seco, puedes utilizar un humidificador.

-No tiendas la ropa en el exterior. Es mejor tender dentro o utilizar una secadora.

-Cuando llegues de la calle, dúchate y cámbiate de ropa para eliminar cualquier rastro de polen. Lávate las manos con frecuencia.


TRATAMIENTO

Una vez diagnosticada la dolencia, el alergólogo establecerá las medidas farmacológicas a seguir. Estas son las más frecuentes.

  • ANTIHISTAMÍNICOS. Son fármacos que bloquean los receptores de la histamina (la sustancia que provoca las reacciones alérgicas) para reducir la intensidad de los síntomas.

  • ESTEROIDES NASALES. Se trata de gotas que, al inhalarse, alivian la obstrucción nasal.

  • VACUNACIÓN. Cuando los síntomas de la alergia son muy intensos, puede ser necesario someterse a un tratamiento de inmunoterapia.



martes, 1 de junio de 2021

Sin miedo a la muerte

 

Vivir nuestra vida con plenitud y generosidad, comprendiendo y ayudando a los demás, puede ser el mejor antídoto contra el temor a la muerte. Actuando de este modo ganamos autoestima y, quizá, la satisfacción íntima de que permaneceremos en la memoria de las personas que nos han amado.


Todos hemos vivido o viviremos la experiencia de la muerte de los demás, y nos conmociona especialmente la de nuestros familiares y amigos. Todos los muertos a los que hemos amado no han desaparecido, porque siguen presentes en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en una fotografía.

Los médicos y las enfermeras tuenen una relación estrecha con la muerte; tal es el caso de Gilbert Lagrue (1922-2016), Profesor universitario y medico hospitalario. Según sus propias palabras: "Cuando fui médico residente, en cada servicio la muerte era algo cotidiano, y sus causas, innombrables y desconocidas... hasta la autopsia del día siguiente. El contacto con la muerte me resultó particularmente penoso en los años que pasé en la sección de pediatría. Guardo un recuerdo doloroso de las leucemias agudas, mortales en pocas semanas. ¿Había que anunciar el diagnóstico ineludible o dejarles unas semanas de esperanza? Al no poder soportar tales sufrimientos, abandoné la pediatría".

El temor a la muerte es innato en el hombre. Desde que comprendió que los demás son otro yo y que todos pueden desaparecer, se despertó inmediatamente su angustia ante este fenómeno brutal e incomprensible contra el que está totalmente desprotegido.

Muchos de nosotros tememos a la muerte, algunos no hablan de ello pero padecen una angustia latente; otros procuran vencer su temor evocándola sin cesar, preparándola, codificando su funeral, eligiendo la música y los ornamentos. Algunos pueden inclinarse hacia la fe para asegurar su eternidad. Creyentes o no, muchos están ansiosos y temen a la enfermedad, es decir, el camino hacia la muerte. Griegos y romanos decían: "El sabio no teme a la muerte", algo fácil de decir, pero difícil de realizar; ¡quién tuviera la receta! En cualquier caso, podemos evocar la sabiduría de Montaigne: "Quien teme sufrir sufre ya de lo que teme". ¿Y qué es lo que más tememos? Ante todo, perder lo que la vida nos da, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, nuestros allegados, la sociedad, que, evidentemente, seguirá su evolución sin nosotros. Es un sentimiento de frustración por no estar presentes en ese espectáculo en el que somos a la vez actores y espectadores. Podemos padecer desgracias, la pérdida de seres queridos, dificultades materiales o sociales, pero nuestra reacción ante la desgracia depende en gran medida de nuestras posibilidades psicológicas para analizar adecuadamente esas dificultades, conocerlas y poder aceptarlas.



La mejor estrategia que se debe elegir para no sentir la angustia de la muerte es aumentar la autoestima, el aprecio por nuestra vida y todo lo que comporta, como si su completa apreciación fuera un mecanismo que permite llegar a aceptar también la muerte. En su libro Cuento de Navidad, Charles Dickens describe cómo el viejo usurero Scrooge ve en su sueño su propia tumba en el cementerio. Se repliega entonces sobre sí mismo, comprende que está arruinando su vida y cambia de comportamiento; se interesa por los demás, se convierte en una persona altruista y generosa. ¡La vida le hace feliz! Si debido a un accidente grave comprendemos que hemos estado a punto de morir, modificamos la importancia concedida a ciertos acontecimientos. Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente, no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las "espinas de la vida". Deberíamos pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que, en todo caso, no revestirán gravedad unos meses o unos años más tarde. Es fácil de decir y difícil de hacer, sobre todo al principio, pero tomar distancia es necesario para hacer lo que creemos justo y útil. Y actuar así nos aportará una mayor satisfacción íntima. Esta actitud mental debe adoptarse en todos los instantes de la vida.

La neurosis de la muerte no se cura con ficciones o ilusiones inútiles, sino con un trabajo filosófico y psicológico personal, bien definido, sobre uno mismo y sus pensamientos: es el aprendizaje de la serenidad. Gracias a este tipo de introspección racional es posible adquirir la distancia necesaria. Es a un tiempo más digno y más eficaz tener una idea real de la muerte y encontrar en uno mismo el medio de no sufrir pensando en todo lo que la vida nos ha aportado. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos conocido en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, alguna experiencia, y transmitirles ideas o conocimientos.

Todo lo que sabemos nos enseña que vivir es una oportunidad, a menudo a pesar de la enfermedad y la minusvalía. Creyentes, agnósticos o ateos, lo esencial es la vida que elegimos. Esta puede ser plena y gozosa si respetamos a los demás, si somos altruistas, capaces de ayudar, de comprender y de remediar el sufrimiento de los demás. Creo que sobreviviré un tiempo más o menos largo si mi recuerdo, mi impronta, permanece en la mente de algunos. Debemos cultivar siempre la alegría de vivir, apreciar el momento presente, no lamentar el pasado, saber conservar la libertad interior. "He decidido ser feliz porque es bueno para la salud", escribió Voltaire. Todos los datos actuales de la psicología demuestran que el aprendizaje de la serenidad es posible y que esta constituye un elemento que contribuye a la buena salud física y mental. En el torbellino de la vida, reservarse un tiempo para uno mismo, para la reflexión o la meditación, es indispensable.



martes, 2 de abril de 2019

Revitaliza tu organismo

PLAN DE DESINTOXICACIÓN


La enfermedad es una manifestación de agotamiento del organismo y podemos ayudar a nuestro sistema autocurativo a superarla reposando. Una parte del plan puede ser abstenerse de tomar alimentos, lo que revitaliza el organismo mediante la desintoxicación celular, la limpiea de los órganos de eliminación -riñones, hígado, pulmones, piel- y la regeneración de tejidos. Pueden aparecer síntomas molestos, pero son señales del proceso de revitalización. Los meses de primavera y de otoño son los mejores para hacerlo, aunque conviene seguir  estas etapas: cinco días de régimen asociado (por la mañana frutas, a mediodía glúcidos y por la noche proteínas), cinco días de régimen celulósico (frutas y/o verduras), cinco con zumos (de fruta, verduras y hortalizas), otros cinco tomando zumos de verduras diluidos, y a partir del día 25 solo agua. La salida del ayuno sería ideal iniciarla cuando acaban los síntomas siguiendo estas etapas en orden inverso.

lunes, 24 de diciembre de 2012

¿La familia influye en la aparición de la anorexia?


Según recientes investigaciones, sí: la anorexia nerviosa se gesta en la familia, nunca individualmente. El experto Salvador Minuchin concibe la enfermedad como el resultado de determinados modelos familiares. Las chicas anoréxicas crecen en familias controladoras, rígidas e incapaces de resolver sus conflictos de forma efectiva, en las que se valora la protección de los miembros mucho más que la autonomía y la realización personal.

Helen Bruch, pionera en el tratamiento de la anorexia, descubrió que las jóvenes anoréxicas proceden de hogares en los que los padres les imponen una identidad, marcada por la simbiosis y el aislamiento. Limitan el desarrollo de los hijos, de su fantasía y su crecimiento, poniendo como excusa que hay peligro en el exterior e implicándoles en su propia conflictividad. La madre suele ser pasiva y sometida a su cónyuge. El padre, preocupado por los éxitos sociales más que por lo que piensan o sienten los miembros de su familia.

Tanto el padre como la madre tienen una hiper exigencia cuando la hija llega a la adolescencia, quieren que sea mayor pero a la vez que no lo sea. Por lo tanto, ella, a través de la anorexia nerviosa, consigue un retraso en el crecimiento, una regresión.

Miedo a ser adulta. Como no llega a desarrollar un sentido claro del yo, no puede vencer los desafíos propios de la adolescencia. La edad adulta y en especial la sexualidad le asusta. Por eso, matarse de hambre es una manera de seguir siendo pequeña, asexuada y dependiente.

Control. La psicología cognitiva cree que las anoréxicas desarrollan una visión de la realidad tan pobre que les es imposible enfrentarse a la vida adulta. Como renuncian a cualquier modo de influir en los demás, acaban haciendo lo único sobre lo que tienen poder: renunciar a comer. Es una manera de decir: "Controlo algo. Nadie me puede obligar a comer".

Claves del tratamiento psicológico. Es frecuente que el terapeuta anime a la paciente a cuestionarse los valores culturales, enseñándola a valorarse a sí misma.

1.- Abandonar la tendencia al perfeccionismo, a ser menos estricta y crítica consigo misma.
2.- No permitir que la apariencia sea el asunto principal de su vida. Ha de buscar una causa en la que creer, una afición o actividad que le guste.
3.- Hablar sobre sus sentimientos. Para vencer la actitud de autonegación.
4.- Aprender a ser más firme al satisfacer sus necesidades. Cuidarse no es ser egoísta.



LOLA MAYO

Psicoterapeuta