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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Risa contra el estrés

 

 

¿Qué tal sustituir el botiquín por una buena colección de chistes y películas de humor? Esta propuesta no es descabellada, si consideramos el importante vademécum de dolencias y sentimientos negativos que pueden curarse con una buena carcajada. Tal y como afirma la terapeuta corporal Francisca García, experta en dinámica de la risa, "el humor en general y la risa en particular son una herramienta terapéutica magnífica para el tratamiento de enfermedades y están íntimamente relacionados con el bienestar y la salud".

CULTIVAR LA CARCAJADA

Numerosos estudios han demostrado que al reírnos favorecemos los sistemas cardiovascular, respiratorio, digestivo, inmunitario, muscular y endocrino. Además, hay una intensa relación entre la risa, la reducción de los niveles de estrés y la curación de problemas psíquicos como la depresión, la angustia, la falta de autoestima y los conflictos derivados de las relaciones personales. Pero hay más: la risa es estupenda para aumentar la creatividad y la imaginación, ya que favorece la segregación de adrenalina. También ejerce un efecto analgésico y ayuda a ponerse en forma -cinco minutos de carcajadas equivalen a unos 45 minutos de ejercicio físico.

UN EJERCICIO SALUDABLE

Según los expertos, se estima que con reírnos unas 30 veces al día se puede acceder a estos beneficios. Cuantas más carcajadas alegren nuestra jornada mucho mejor. ¿Qué hacer cuando el estado de ánimo no acompaña? Los especialistas aconsejan "forzar" un poquito la sonrisa, pues incluso simulada puede ser beneficiosa. Si no funciona, siempre queda un recurso infalible y es el de recuperar al niño interior y tratar de ver siempre el lado amable de la realidad; no en vano, hasta los seis años reímos unas 600 veces al día. 

 

martes, 12 de abril de 2022

Buscar una nueva relación tras la ruptura


Dicen que un clavo saca otro clavo, pero los especialistas aconsejan no precipitarse a la hora de rehacer nuestra vida tras una separación. Hay que esperar a que, como mínimo, hayan cicatrizado las heridas.

  • La ruptura suele producir un intenso estrés emocional que tan solo se supera con tiempo y paciencia. Precipitarse a buscar una nueva pareja en este estado no solo no nos servirá de ayuda, sino que, además, puede resultar contraproducente.
  • Es necesario, por lo tanto, saldar nuestras deudas con el pasado. Cerrar completamente ese capítulo de nuestra vida y conseguir el equilibrio emocional.
  • Para lograrlo, se aconseja realizar un ejercicio de introspección, construimos de nuevo como personas y conseguir estar a gusto con nosotros mismos. Mimarnos un poco más, elevar nuestra autoestima realizando actividades gratificantes (deportes, aficiones, inquietudes...) y aumentar nuestras relaciones con los demás, nos ayudarán a sentirnos mejor.
  • Cuando nos sintamos preparados, tampoco es conveniente precipitarse. Se recomienda elegir bien, no comprometerse enseguida y no tener demasiadas expectativas, ya que , de lo contrario, es posible que suframos un nuevo fracaso.


 

martes, 1 de junio de 2021

Sin miedo a la muerte

 

Vivir nuestra vida con plenitud y generosidad, comprendiendo y ayudando a los demás, puede ser el mejor antídoto contra el temor a la muerte. Actuando de este modo ganamos autoestima y, quizá, la satisfacción íntima de que permaneceremos en la memoria de las personas que nos han amado.


Todos hemos vivido o viviremos la experiencia de la muerte de los demás, y nos conmociona especialmente la de nuestros familiares y amigos. Todos los muertos a los que hemos amado no han desaparecido, porque siguen presentes en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en una fotografía.

Los médicos y las enfermeras tuenen una relación estrecha con la muerte; tal es el caso de Gilbert Lagrue (1922-2016), Profesor universitario y medico hospitalario. Según sus propias palabras: "Cuando fui médico residente, en cada servicio la muerte era algo cotidiano, y sus causas, innombrables y desconocidas... hasta la autopsia del día siguiente. El contacto con la muerte me resultó particularmente penoso en los años que pasé en la sección de pediatría. Guardo un recuerdo doloroso de las leucemias agudas, mortales en pocas semanas. ¿Había que anunciar el diagnóstico ineludible o dejarles unas semanas de esperanza? Al no poder soportar tales sufrimientos, abandoné la pediatría".

El temor a la muerte es innato en el hombre. Desde que comprendió que los demás son otro yo y que todos pueden desaparecer, se despertó inmediatamente su angustia ante este fenómeno brutal e incomprensible contra el que está totalmente desprotegido.

Muchos de nosotros tememos a la muerte, algunos no hablan de ello pero padecen una angustia latente; otros procuran vencer su temor evocándola sin cesar, preparándola, codificando su funeral, eligiendo la música y los ornamentos. Algunos pueden inclinarse hacia la fe para asegurar su eternidad. Creyentes o no, muchos están ansiosos y temen a la enfermedad, es decir, el camino hacia la muerte. Griegos y romanos decían: "El sabio no teme a la muerte", algo fácil de decir, pero difícil de realizar; ¡quién tuviera la receta! En cualquier caso, podemos evocar la sabiduría de Montaigne: "Quien teme sufrir sufre ya de lo que teme". ¿Y qué es lo que más tememos? Ante todo, perder lo que la vida nos da, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, nuestros allegados, la sociedad, que, evidentemente, seguirá su evolución sin nosotros. Es un sentimiento de frustración por no estar presentes en ese espectáculo en el que somos a la vez actores y espectadores. Podemos padecer desgracias, la pérdida de seres queridos, dificultades materiales o sociales, pero nuestra reacción ante la desgracia depende en gran medida de nuestras posibilidades psicológicas para analizar adecuadamente esas dificultades, conocerlas y poder aceptarlas.



La mejor estrategia que se debe elegir para no sentir la angustia de la muerte es aumentar la autoestima, el aprecio por nuestra vida y todo lo que comporta, como si su completa apreciación fuera un mecanismo que permite llegar a aceptar también la muerte. En su libro Cuento de Navidad, Charles Dickens describe cómo el viejo usurero Scrooge ve en su sueño su propia tumba en el cementerio. Se repliega entonces sobre sí mismo, comprende que está arruinando su vida y cambia de comportamiento; se interesa por los demás, se convierte en una persona altruista y generosa. ¡La vida le hace feliz! Si debido a un accidente grave comprendemos que hemos estado a punto de morir, modificamos la importancia concedida a ciertos acontecimientos. Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente, no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las "espinas de la vida". Deberíamos pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que, en todo caso, no revestirán gravedad unos meses o unos años más tarde. Es fácil de decir y difícil de hacer, sobre todo al principio, pero tomar distancia es necesario para hacer lo que creemos justo y útil. Y actuar así nos aportará una mayor satisfacción íntima. Esta actitud mental debe adoptarse en todos los instantes de la vida.

La neurosis de la muerte no se cura con ficciones o ilusiones inútiles, sino con un trabajo filosófico y psicológico personal, bien definido, sobre uno mismo y sus pensamientos: es el aprendizaje de la serenidad. Gracias a este tipo de introspección racional es posible adquirir la distancia necesaria. Es a un tiempo más digno y más eficaz tener una idea real de la muerte y encontrar en uno mismo el medio de no sufrir pensando en todo lo que la vida nos ha aportado. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos conocido en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, alguna experiencia, y transmitirles ideas o conocimientos.

Todo lo que sabemos nos enseña que vivir es una oportunidad, a menudo a pesar de la enfermedad y la minusvalía. Creyentes, agnósticos o ateos, lo esencial es la vida que elegimos. Esta puede ser plena y gozosa si respetamos a los demás, si somos altruistas, capaces de ayudar, de comprender y de remediar el sufrimiento de los demás. Creo que sobreviviré un tiempo más o menos largo si mi recuerdo, mi impronta, permanece en la mente de algunos. Debemos cultivar siempre la alegría de vivir, apreciar el momento presente, no lamentar el pasado, saber conservar la libertad interior. "He decidido ser feliz porque es bueno para la salud", escribió Voltaire. Todos los datos actuales de la psicología demuestran que el aprendizaje de la serenidad es posible y que esta constituye un elemento que contribuye a la buena salud física y mental. En el torbellino de la vida, reservarse un tiempo para uno mismo, para la reflexión o la meditación, es indispensable.



lunes, 3 de mayo de 2021

Vivir con un propósito

 

Fijar nuestros propios objetivos y poner todo nuestro empeño en realizarlos nos aporta equilibrio y fuerza interior


Vivir sin propósito es vivir a merced del azar -del acontecimiento fortuito, de la llamada telefónica o el encuentro casual- porque no tenemos una norma que nos permita juzgar qué vale la pena hacer y qué no. Las fuerzas exteriores nos impulsan, como un corcho que flota en el agua, sin que nuestra iniciativa fije un curso específico. Vamos a la deriva. En cambio, vivir con propósito es utilizar nuestras facultades para lograr las metas que hemos elegido: estudiar, crear una familia, empezar un negocio, mantener una relación romántica feliz. Son nuestras metas las que nos impulsan, las que vigorizan nuestra vida.

De todos modos, los propósitos que nos animan tienen que ser específicos. Yo no puedo organizar mi conducta de manera óptima si mi objetivo es únicamente "hacer lo que pueda". Mis metas tienen que ser concretas: salir a correr treinta minutos cuatro veces por semana, completar una tarea (bien definida) en diez días, comunicar a mi equipo en nuestra próxima reunión exactamente lo que exige el proyecto... Con este grado de concreción puedo controlar mi progreso, comparar las intenciones con los resultados, modificar mi estrategia y ser responsable de lo que consigo. Vivir con propósito es interesarse por estas preguntas: ¿Qué estoy intentando conseguir? ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Por qué pienso que estos medios son adecuados? ¿Tengo que hacer algún ajuste en mi conducta? ¿Tengo que reelaborar mis objetivos?

Así pues, vivir con propósito significa vivir con un alto nivel de consciencia. A la mayoría de las personas le resulta más sencillo comprender estas ideas aplicadas al mundo laboral que a las relaciones personales. En las relaciones íntimas es fácil imaginar que con el amor basta, que la felicidad llegará algún día, y si no llega, es porque no encajamos. Las personas rara vez se preguntan: "Si mi meta es tener una relación con éxito, ¿qué debo hacer? ¿Qué acciones son precisas para crear y mantener la confianza, la intimidad, la excitación, el crecimiento?". Los propósitos que no se relacionan con un plan de acción no se realizan. Solo existen como anhelos frustrados.


Vivir con propósito exige cultivar en nosotros mismos la capacidad de autodisciplina, o lo que es lo mismo, organizar nuestra conducta en el tiempo al servicio de tareas concretas. La autodisciplina consiste en ser capaz de posponer la gratificación inmediata al servicio de una meta lejana. Es la capacidad de proyectar al futuro las consecuencias de pensar, planificar y actuar a largo plazo. Pero una vida con propósito no significa no dedicar tiempo o espacio a descansar, relajarse, aprovechar el ocio y tener actividades superficiales o incluso frívolas. Simplemente significa que estas actividades se eligen conscientemente. Y en cualquier caso, el abandono temporal de todo propósito también tiene el suyo, tanto si se busca conscientemente como si no: la regeneración.

Vivir con propósito supone aceptar cuatro cuestiones:

  • Asumir la responsabilidad de la formulación de nuestras metas y propósitos de manera consciente. Para tener el control de nuestra propia vida, tenemos que saber lo que queremos y dónde queremos llegar: ¿Qué quiero para mí en cinco o diez años? ¿En qué quiero que consista mi vida?

  • Interesarse por identificar las acciones necesarias para conseguir nuestras metas. Si nuestros propósitos son propósitos y no ensoñaciones, tenemos que preguntarnos: ¿Cómo voy a llegar desde aquí?

  • Controlar la conducta para verificar que concuerda con nuestras metas. Podemos tener propósitos definidos claramente y un plan de acción razonable, pero nos salimos del camino a causa de distracciones, problemas inesperados, por la presión de otros valores o por una reordenación inconsciente de nuestras prioridades.

  • Prestar atención al resultado de nuestros actos para averiguar si conducen adonde queremos llegar. Nuestras metas pueden estar claras y nuestros actos ser congruentes, pero nuestros cálculos sobre los pasos que tenemos que dar pueden resultar incorrectos. Quizá no tuvimos en cuenta algunos hechos. Quizá algún elemento ha cambiado el contexto



Que la práctica de vivir con propósito sea esencial para la autoestima no debe entenderse como que la medida de la valía de una persona son sus logros externos. Admiramos los logros -los nuestros y los de los demás-, y es natural y adecuado que lo hagamos. Pero esto no quiere decir que la autoestima dependa de ellos. La raíz de nuestra autoestima no está en nuestros logros sino en aquellas prácticas generadas desde el interior que, entre otras cosas, nos permiten alcanzarlos.

Vivir con propósito es una orientación fundamental aplicable a todas las facetas de la vida. Significa que vivimos y obramos de acuerdo con nuestras verdaderas intenciones, una característica distintiva de las personas que tienen un alto nivel de control sobre sus vidas. La práctica de vivir con propósito es el quinto pilar de la autoestima.


Fuente: Los seis pilares de la autoestima, de Nathaniel Branden


lunes, 19 de abril de 2021

Por qué es tan importante la amistad


Disfrutar de la compañía de nuestros amigos es mucho más que una forma agradable de pasar el rato. La amistad nos hace mucho más felices y mejora nuestra salud, tanto física como mental.

  • Relacionarse con nuestros congéneres es una necesidad primaria. La pertenencia a un grupo social proporciona, en todas las especies, seguridad, protección y, por lo tanto una mayor posibilidad de supervivencia.

  • Este instinto atávico está todavía presente en los seres humanos. Según recientes estudios, disfrutar de una buena amistad aumenta las endorfinas (las hormonas del bienestar), por lo que nos hacen sentir más felices y optimistas.

  • La amistad también influye muy positivamente en nuestra salud. Según el estudio citado anteriormente, las personas que disfrutan de la compañía de buenos amigos pueden vivir hasta un 22% más que los que prefieren la soledad, además de disfrutar de una mejor forma física.

  • La amistad, además, contribuye a aumentar la autoestima. Disfrutar de una vida social satisfactoria, ser apreciado y valorado por nuestros semejantes, nos hace personas más sólidas, positivas y mucho más confiadas.


lunes, 27 de febrero de 2017

Evita la dependencia excesiva hacia tu pareja


El amor es entrega, pero hasta cierto punto. Cuando se pierde la conciencia del propio yo para fundirse completamente en el otro, estamos hablando de una situación anómala que debe reconducirse.

  • Señales de alarma. Para saber si la situación adquiere tintes preocupantes, debemos estar atentos a estos síntomas: angustia o tristeza ante la separación aunque tan sólo sea de unas horas, posesividad excesiva, celos injustificados, falta de respeto por la libertad del otro, dificultad para controlar los impulsos (gritos, acusaciones...), comportamientos irracionales, etc.
  • La clave, la confianza en uno mismo. Cuando se llega a este tipo de situaciones, se debe trabajar individualmente aspectos importantes como la autoestima, el respeto por uno mismo, la realización personal, etc.
  • Recuperar la propia identidad. Es posible que la persona que está muy pendiente de su pareja, haya olvidado su realización personal. Para cambiar esta situación, se debe desarrollar la individualidad potenciando las actividades sociales, apuntándose a cursos, etc.
  • Controlar la ansiedad. Los ejercicios de relajación y las aficiones son una ayuda para dejar de obsesionarse.



lunes, 3 de febrero de 2014

Cuando la necesidad de adelgazar es la consecuencia de un conflicto interior


Existen épocas de año, como la llegada del verano, en las que quien más quien menos siente la necesidad de perder algunos kilos. Es una preocupación totalmente normal pero... ¿qué ocurre cuando se convierte en una obsesión?

  • Cuando se sigue una dieta de adelgazamiento, lo que se pretende es aumentar la autoestima. No estamos del todo conformes con nuestra imagen y queremos mejorarla, tanto para gustarnos a nosotros mismos como a los demás. En ocasiones, sin embargo una vez hemos conseguido este objetivo, nos damos cuenta de que haber adelgazado no ha colmado nuestros deseos, lo que puede llevarnos a intentar adelgazar todavía más o, todo lo contrario, comer más de lo normal, todo ello para conseguir esa sensación de felicidad que no logramos hallar.
  • Según Freud existe una relación muy estrecha entre el hambre y la necesidad de amor. Comemos no sólo para calmar nuestro apetito, sino también para conseguir una sensación placentera muy similar a la que proporciona la presencia de un ser querido.
  • En estos casos, es conveniente pensar sobre cuáles son realmente nuestras carencias y si detrás de la obsesión por el peso y la comida no se esconde un problema de autoestima o de comunicación con los que nos rodean.



lunes, 13 de enero de 2014

Cómo tener una mayor confianza en uno mismo


En la mayoría de ocasiones, la verdadera razón de nuestra inseguridad son los pensamientos negativos del tipo "todos creen que soy tonto/a", "no sé hacer nada a derechas", etc. Para ganar autoestima, es conveniente eliminar definitivamente estas ideas de tu mente.

  • Para autoafirmarte, debes enfrentarte a tus miedos. Si, por ejemplo, tienes problemas a la hora de hablar en público, busca situaciones en las que tengas la obligación de hacerlo: apúntate a algún club de lectura, acude a lugares donde puedas mantener tertulias... Aunque te cueste al principio, poco a poco irás sintiéndote más seguro/a.
  • No temas llevar la contraria. Los demás no te van a apreciar menos por ello. Tienes derecho a expresar tus ideas y a defenderlas, siempre que mantengas una actitud respetuosa.
  • Atrévete a pedir lo que crees que te corresponde. Puede que obtengas una negativa como respuesta, pero, al menos lo habrás intentado. No dudes en insistir. En ocasiones, es necesario.
  • Evita las ideas preconcebidas. Si tienes que enfrentarte a una situación delicada, procura no anticiparte al fracaso pensando que seguramente todo irá mal. Mantén una actitud positiva en todo momento y tendrás mucho ganado.



domingo, 5 de enero de 2014

Cómo "desengancharte" de la adicción al amor


Amar es un sentimiento maravilloso, pero, cuando roza la obsesión, puede convertirse en una auténtica pesadilla. Para no caer en este peligroso extremo, es importante tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • El 10% de la población sufre dependencia emocional. Se trata de personas con una autoestima muy baja obsesionados con su pareja y que sienten terror ante la perspectiva de perderla y quedarse solas.
  • Es habitual que sufran celos patológicos. No duda en controlar y manipular mediante chantaje emocional a su pareja, que puede acabar ahogándose por una relación que coarta su libertad y no le reporta ninguna satisfacción.
  • Para luchar contra este sentimiento, es imprescindible combatir la inseguridad y la baja autoestima.
  • También es conveniente salir del círculo vicioso que se establece en este tipo de relación. Para ello es conveniente realizar actividades por separado y establecer un espacio propio que nos ayude a crecer como individuo.
  • Y, finalmente, para disfrutar de una relación es imprescindible no tener miedo. Aléjate del fantasma de los celos, del desamor, del fracaso y disfruta al máximo del presente.



jueves, 21 de noviembre de 2013

Controla tu mal genio


La ira no es buena consejera, pues conduce a un sentimiento de culpabilidad y tristeza. Sin embargo, conviene expresarla, pues, en caso contrario, provoca tensión, pensamientos hostiles y desprecio hacia el otro.
Para evitarlo:

  • Primero hay que aceptar el sentimiento que te ha sacado de quicio y observarlo.
  • El siguiente paso es reducir la ira: sal del lugar donde estés, toma el aire, aíslate para escribir el problema, intenta relajarte.
  • Expresa la ira de forma asertiva, comunicando la emoción sin atacar la autoestima del otro y sin descentrarse del problema en cuestión. Así evitas el malestar y refuerzas la propia autoestima.
  • No dramatices. No hay nada tan importante en la vida como para que te haga perder los nervios controladamente. Además, si no manejas tu mal genio, las consecuencias negativas se podrían multiplicar en varios frentes y el resultado empeoraría.



miércoles, 20 de marzo de 2013

Subir la autoestima



  • Valórate a ti mism@ sin esperar que lo hagan los demás. Sé tu propi@ mejor amig@. Quiérete.
  • No pierdas en ninguna circunstancia el sentido del humor y trata de desdramatizar cualquier hecho desgraciado que te ocurra.
  • Convéncete de que las causas de todo lo bueno que sucede son constantes y tienen que ver con tus habilidades y valores y con nada más.
  • No desconectes jamás la comunicación positiva contigo misma. Saca provecho del día a día para enriquecerte personalmente.
  • Disfruta con el trabajo, mantén siempre una sana ambición y deseo de superación.
  • Recuerda que tú eres felicidad, y que ésta depende sobre todo de tu actitud, más que de las circunstancias que te rodean.
  • Asume que la mejor manera de prepararse para vivir bien en el futuro es vivir el presente a tope, con plena sinceridad u con una sonrisa en los labios.
  • Asume que con tu vida, tu trabajo y tu esfuerzo haces felices a otros. Practica el principio"cuando yo gano-tú ganas"; disfruta haciendo el bien y te sentirás mejor.
  • Los fracasos, de la misma manera que los errores, son oportunidades para aprender y para evitar nuevos y mayores errores.
  • Lamentarse y quejarse sólo sirve para agotarse física y mentalmente. Si eres inteligente, engánchate a la alegría, a las ganas de vivir, y a disfrutar a tope.

viernes, 18 de enero de 2013

Complejo de Cenicienta


El complejo de Cenicienta pueden padecerlo desde amas de casa sumisas hasta profesionales cualificadas que bajo una fachada de éxito ocultan el miedo y necesitan subordinarse o depender de otras personas. Para la psicóloga norteamericana Colette Dowling, autora del libro El complejo de Cenicienta, este tipo de  mujer esconde un tremendo miedo a la independencia. El deseo de que otras personas cuiden de ellas las sume en una especie de letargo que les impide desarrollar sus facultades y creatividad. "Como Cenicienta -explica- estas mujeres esperan algo que venga a transformar sus vidas". Y ese algo, por lo general, es un hombre, un príncipe azul que llega para salvarlas. Un varón en el que apoyarse y que les evite el esfuerzo de enfrentarse a la vida. Ese anhelo de que alguien cuide de ellas tiene mucho que ver con la forma en que se ha sido educada en la infancia. Y es que las actitudes protectoras y discriminatorias de muchos padres hacia sus hijas acaban por convertirlas en seres dependientes y asustados.

Los síntomas más característicos de alguien aquejado de este complejo son: una autoestima penosamente baja; indecisión e inseguridad (aunque aparentemente se comporten con dominio de sus sentimientos) que pueden llegar a desembocar en angustia, depresión o abandono de ilusiones para buscar la protección de un hada madrina.

Aprender a tomar resoluciones, coger las riendas y cargar con la propia vida no resulta nada fácil, pero los psicólogos recomiendan una serie de acciones para aumentar la seguridad:


  • Sentirse necesitada de protección y amparo no es malo, pero si has renunciado a una parte esencial de ti misma y no sabes asumir las responsabilidades, debes esforzarte por liberarte de las ataduras que te inmovilizan.
  • Comienza a atribuirte algún mérito y virtud.
  • No te responsabilices de los fracasos de los demás.
  • Enfrentarse a las situaciones de riesgo y a los sentimientos nuevos incrementa el espíritu aventurero. ¡No huyas y empieza a hacerlo!
  • Acepta la responsabilidad de tomar decisiones y emitir juicios. Basta de acomodarte a las opiniones y sugerencias de los demás.
  • Deja de creerte una víctima. Tú eres la responsable tanto de tu felicidad como de tu desdicha. Conviértete en dueña de ti misma.
  • Intenta independizarte económicamente, si puedes; y si eres ama de casa ten muy claro que no tienes que pedir permiso a tu marido para comprarte un vestido o darte un capricho. Él trabajará fuera de casa, pero tú lo haces dentro y para toda la familia, así que el dinero es de los dos.