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martes, 8 de marzo de 2022

Como abordar los temas delicados

 

Hay determinadas cuestiones que cuesta más de plantear, temas concernientes a la sexualidad, a la familia política, etc. que, en ocasiones, se quedan sin resolver, o no se tratan adecuadamente, convirtiéndose en fuente de conflictos. Para afrontarlos, hay que ser claros, objetivos y ecuánimes.

Cuestiones económicas. Para evitar problemas, ambos miembros de la pareja deben consensuar todo lo relacionado con este tema. Aunque uno de ellos sea el encargado de administrar el dinero, el otro tiene que estar siempre al corriente y de acuerdo con las decisiones que puedan tomarse.

Sexualidad. En ocasiones, hay cierto pudor a tocar determinados temas. En este aspecto, hay dos normas principales: debemos ser claros y sinceros a la hora de expresar qué es lo que nos gusta y qué es lo que no y ¡muy importante! siempre hay que hacerlo fuera de la cama, para no herir susceptibilidades.

Asuntos familiares. No es una cuestión fácil, sobre todo si se trata de parientes políticos, pero es necesario dejar las cosas bien claras desde el principio. Para evitar conflictos hay que  procurar que la familia no se inmiscuya en los asuntos propios de la pareja. También es conveniente que las dos familias (tanto la de tu pareja como la propia) tengan los mismos derechos y consideración. A partir de ahí, todo puede hablarse y negociarse.


lunes, 28 de junio de 2021

La experiencia del invierno

 

Ya no contamos los años por inviernos; a lo sumo por primaveras y en el caso de que se trate de una persona joven. Sobrevivir a la estación oscura y fría no es noticia, al contrario de lo que sucede con el esplendor juvenil. Se espera que el invierno sea benigno y pase lo antes posible. Pero se diría que al invierno no le gusta poner las cosas fáciles, no es su estilo. Por eso suele hacerse largo y duro de atravesar. Tanto, que empieza con unas prudentes vacaciones para alumnos y maestros, o con las salas de urgencias congestionadas de pacientes. Y su final viene a coincidir con la Semana Santa, donde se conmemora el triunfo de un amor que disipa las tinieblas. La vida será algo casi inevitable a partir de ese momento.

Pero hasta entonces hará falta previsión y perseverancia para desenvolverse por ese territorio. Los inviernos de hoy pueden ser más dulces que los de antaño gracias a la calefacción, si bien eso no basta para conjurar los peligros. El ánimo se contrae, la ansiedad acecha, las articulaciones o la espalda envían tal vez dolorosos mensajes. Es posible que nos envuelva un sentimiento de soledad o que un ser querido concluya su andadura por esta tierra.

El invierno no es un mero paréntesis en el conjunto del año. De alguna manera, nos propone un cambio de nivel. La luz o la alegría escasean fuera, habrá pues que bombearlas desde dentro. El frío poda lo superfluo y realza lo esencial por contraste. Las fiestas de Navidad y Año Nievo, a menudo desaprovechadas, ofrecen un viejo antídoto para reconciliarse con todos esos aspectos gracias al calor de la familia y los amigos.


jueves, 18 de octubre de 2012

El secreto de las personas felices


Hace unos años, los investigadores de una prestigiosa universidad americana desparramaron por el mundo una encuesta en la que pedían a la gente que listasen diez –sólo diez- cosas imprescindibles para alcanzar la felicidad.

El resultado fue sorprendente por lo unánime. La humanidad entera, con independencia de razas y religiones, anhela lo mismo: amor, paz, seguridad, familia, salud, cultura, libertad, suficiencia económica, alimento y buena relación con la naturaleza. Nada de esto puede atraparse con las manos, pero –y ahora viene lo mejor- a todos los humanos, absolutamente a todos, se nos ha dado un pellizco de cada una de esas cosas.

En valorarlo consiste el truco del tipo feliz. El problema surge cuando, en lugar de reconocer y desear lo que tenemos, nos centramos en lo que nos falta. Dejamos entonces de sentirnos ricos y nos convertimos en mendigos.

Así es como el amor se nos agosta poco a poco; la relación con padres o hermanos se enfría; dejamos que la cultura muera a manos de la televisión o la pereza… Cuando no logramos sentirnos afortunados por lo bueno que nos circunda, nos volvemos analfabetos en el agradecer. Así algunos no encuentran más salida que la de fantasear con deseos que quizá no se materialicen nunca; llaman a este estado “felicidad”, sin darse cuenta de que la verdadera felicidad no se sueña sino que se vive.


ALEJANDRA VALLEJO-NÁGERA
Psicóloga y escritora.