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miércoles, 25 de marzo de 2026

5 claves para iluminar tu corazón

 

Si en algún momento de tu vida has notado una sensación de vacío oscuro ysoledad, los siguientes consejos pueden ayudar a iluminar tu corazón. Puedes cambiar esa sensación de malestar y abandono por un sentimiento de sosiego y equilibrio emocional. Siempre estamos a tiempo de superar los traumas de nuestro pasado.

  • APRENDE A AMARTE. No busques el amor fuera. Si no tuviste cariño de pequeño, no sigas demandándoselo a los demás. Si no te quieres tú en primer lugar, ninguna relación en tu vida va a ser completamente satisfactoria. Aprende a amarte y a valorarte, conviértete en tu mejor amigo, en tu mejor compañía.

  • PUEDES ENFADARTE. Tienes derecho a protestar y a enfadarte cuando algo no te gusta. No lo reprimas, exprésalo. Guardar dentro tus emociones te daña. Di lo que sientas sin importarte los demás.

  • NO ERES CULPABLE. Recuerda que no tienes la culpa de todo lo que ocurre a tu alrededor. No dejes que los demás te achaquen y te cuelguen sus faltas. Solo eres responsable de lo que te compete a ti directamente.

  • DEJA DE DUDAR DE TI. Que tus padres no supieran reconocer al niño tan especial que tenían delante es su problema. No dejes que su ceguera emocional te siga empujando a dudar siempre de ti mismo. Confía en ti, en tu persona, en tus ideas, en tus sentimientos y decisiones.

  • MIRA HACIA DELANTE. No puedes cambiar el pasado, pero sí puedes disfrutar tu presente y tu futuro. No merece la pena darle vueltas a lo que no te dieron. Céntrate en lo que tú sí puedes darte hoy.

 

 

martes, 1 de junio de 2021

Sin miedo a la muerte

 

Vivir nuestra vida con plenitud y generosidad, comprendiendo y ayudando a los demás, puede ser el mejor antídoto contra el temor a la muerte. Actuando de este modo ganamos autoestima y, quizá, la satisfacción íntima de que permaneceremos en la memoria de las personas que nos han amado.


Todos hemos vivido o viviremos la experiencia de la muerte de los demás, y nos conmociona especialmente la de nuestros familiares y amigos. Todos los muertos a los que hemos amado no han desaparecido, porque siguen presentes en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en una fotografía.

Los médicos y las enfermeras tuenen una relación estrecha con la muerte; tal es el caso de Gilbert Lagrue (1922-2016), Profesor universitario y medico hospitalario. Según sus propias palabras: "Cuando fui médico residente, en cada servicio la muerte era algo cotidiano, y sus causas, innombrables y desconocidas... hasta la autopsia del día siguiente. El contacto con la muerte me resultó particularmente penoso en los años que pasé en la sección de pediatría. Guardo un recuerdo doloroso de las leucemias agudas, mortales en pocas semanas. ¿Había que anunciar el diagnóstico ineludible o dejarles unas semanas de esperanza? Al no poder soportar tales sufrimientos, abandoné la pediatría".

El temor a la muerte es innato en el hombre. Desde que comprendió que los demás son otro yo y que todos pueden desaparecer, se despertó inmediatamente su angustia ante este fenómeno brutal e incomprensible contra el que está totalmente desprotegido.

Muchos de nosotros tememos a la muerte, algunos no hablan de ello pero padecen una angustia latente; otros procuran vencer su temor evocándola sin cesar, preparándola, codificando su funeral, eligiendo la música y los ornamentos. Algunos pueden inclinarse hacia la fe para asegurar su eternidad. Creyentes o no, muchos están ansiosos y temen a la enfermedad, es decir, el camino hacia la muerte. Griegos y romanos decían: "El sabio no teme a la muerte", algo fácil de decir, pero difícil de realizar; ¡quién tuviera la receta! En cualquier caso, podemos evocar la sabiduría de Montaigne: "Quien teme sufrir sufre ya de lo que teme". ¿Y qué es lo que más tememos? Ante todo, perder lo que la vida nos da, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, nuestros allegados, la sociedad, que, evidentemente, seguirá su evolución sin nosotros. Es un sentimiento de frustración por no estar presentes en ese espectáculo en el que somos a la vez actores y espectadores. Podemos padecer desgracias, la pérdida de seres queridos, dificultades materiales o sociales, pero nuestra reacción ante la desgracia depende en gran medida de nuestras posibilidades psicológicas para analizar adecuadamente esas dificultades, conocerlas y poder aceptarlas.



La mejor estrategia que se debe elegir para no sentir la angustia de la muerte es aumentar la autoestima, el aprecio por nuestra vida y todo lo que comporta, como si su completa apreciación fuera un mecanismo que permite llegar a aceptar también la muerte. En su libro Cuento de Navidad, Charles Dickens describe cómo el viejo usurero Scrooge ve en su sueño su propia tumba en el cementerio. Se repliega entonces sobre sí mismo, comprende que está arruinando su vida y cambia de comportamiento; se interesa por los demás, se convierte en una persona altruista y generosa. ¡La vida le hace feliz! Si debido a un accidente grave comprendemos que hemos estado a punto de morir, modificamos la importancia concedida a ciertos acontecimientos. Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente, no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las "espinas de la vida". Deberíamos pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que, en todo caso, no revestirán gravedad unos meses o unos años más tarde. Es fácil de decir y difícil de hacer, sobre todo al principio, pero tomar distancia es necesario para hacer lo que creemos justo y útil. Y actuar así nos aportará una mayor satisfacción íntima. Esta actitud mental debe adoptarse en todos los instantes de la vida.

La neurosis de la muerte no se cura con ficciones o ilusiones inútiles, sino con un trabajo filosófico y psicológico personal, bien definido, sobre uno mismo y sus pensamientos: es el aprendizaje de la serenidad. Gracias a este tipo de introspección racional es posible adquirir la distancia necesaria. Es a un tiempo más digno y más eficaz tener una idea real de la muerte y encontrar en uno mismo el medio de no sufrir pensando en todo lo que la vida nos ha aportado. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos conocido en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, alguna experiencia, y transmitirles ideas o conocimientos.

Todo lo que sabemos nos enseña que vivir es una oportunidad, a menudo a pesar de la enfermedad y la minusvalía. Creyentes, agnósticos o ateos, lo esencial es la vida que elegimos. Esta puede ser plena y gozosa si respetamos a los demás, si somos altruistas, capaces de ayudar, de comprender y de remediar el sufrimiento de los demás. Creo que sobreviviré un tiempo más o menos largo si mi recuerdo, mi impronta, permanece en la mente de algunos. Debemos cultivar siempre la alegría de vivir, apreciar el momento presente, no lamentar el pasado, saber conservar la libertad interior. "He decidido ser feliz porque es bueno para la salud", escribió Voltaire. Todos los datos actuales de la psicología demuestran que el aprendizaje de la serenidad es posible y que esta constituye un elemento que contribuye a la buena salud física y mental. En el torbellino de la vida, reservarse un tiempo para uno mismo, para la reflexión o la meditación, es indispensable.



lunes, 24 de mayo de 2021

Aprender a perdonar

 

El perdón es un bálsamo para quien lo recibe y para quien lo da. Pero perdonar no siempre es fácil. Necesitamos dejar de centrarnos en nuestros sentimientos y buscar la bondad a nuestro alrededor.

En septiembre  se celebra el Yom Kippur, la fecha más señalada del calendario hebreo: el Día de la Expiación. Durante esa jornada se pide perdón a Dios, y durante los 10 días que le preceden, las personas buscan a quienes han ofendido para pedirles disculpas y así empezar bien un nuevo año, como una hoja en blanco. Es un ritual muy hermoso y el escritor suizo Alain de Botton, autor, entre otros libros, de Las consolaciones de la filosofía y La arquitectura de la felicidad, ha afirmado que sería bueno que existiera un Día del Perdón en todas las religiones, ya que, en general, no somos muy buenos para pedir disculpas ni para perdonar.

Aunque no todas las religiones tienen un ritual específico sobre el perdón, la mayoría de las tradiciones espirituales dan un valor importante a la capacidad de perdonar, y las diferentes culturas reconocen la importancia que tiene para la convivencia humana y el bienestar personal. Los científicos también están interesados en entender esta capacidad tan humana, en la última década se ha multiplicado el número de investigaciones sobre el perdón y sus consecuencias. Entre los expertos sobre el tema destacan los doctores Frederic Luskin, de la Universidad de Stanford (EE:UU.), y Robert Enright, de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.).

Ambos han definido distintos aspectos del perdón. Por un lado, este consiste en poder sentirnos menos ofendidos y enojados y dejar de culpar a quien nos ha lastimado. Por otro, el perdón también implica estar dispuestos a abandonar nuestro derecho a estar resentidos, a juzgar negativamente y a tratar con indiferencia a quienes nos han ofendido, para cultivar, en cambio, virtudes como la compasión y la generosidad. Perdonar implica cambiar nuestras respuestas destructivas y transformarlas en conductas que promuevan el buen funcionamiento de la sociedad.



Perdonar es diferente que excusar o justificar una falta. Tampoco significa olvidar o negar lo sucedido. Es cierto que el perdón puede llevar a la reconciliación o a la reparación de la relación entre la víctima y quien comete la ofensa, pero estas dos situaciones no van de la mano necesariamente, por ejemplo, se puede perdonar a alguien y no desear seguir teniendo una relación con esa persona.

Como sucede con otras virtudes, la capacidad de perdonar no se nos da automáticamente. Tenemos que aprenderla y desarrollarla. Basta con observar a padres , madres y maestros de niños pequeños para ver cuánto tiempo dedican a enseñarles a pedir perdón y a otorgarlo. A quienes tienen hijos quizá no les sorprenda enterarse de que algunas investigaciones han encontrado que los niños tienden a perdonar menos que los adultos y que los adultos mayores parecen ser quienes perdonan con más facilidad.

¿Por qué es importante perdonar? Las razones no son solo filosóficas. El doctor Martin Seligman ha descubierto que la salud física, especialmente la salud cardiovascular, tiende a ser mejor entre las personas que perdonan que entre las que no lo hacen. Otras investigaciones indican que el perdón tiende a asociarse con el bienestar psicológico y físico y con las buenas relaciones interpersonales. Las personas propensas a perdonar también suelen presentar menos ansiedad, depresión y hostilidad. Asimismo, la capacidad de perdonar se asocia a tener más emociones positivas, a sentir mayor satisfacción con la vida y tener menos síntomas físicos.



Diversos estudios indican que existe una relación entre el perdón y el estrés, y que los niveles de estrés y los síntomas físicos que lo acompañan pueden disminuir cuando las personas son capaces de perdonar. Por ejemplo, una investigación realizada por el equipo del doctor Luskin con un grupo de asesores financieros detectó que, después de que estos siguieran un programa para facilitar el perdón, sus niveles de estrés no solo bajaron mucho, sino que su grado de satisfacción con la vida mejoró y su productividad aumentó un 25%. Los datos obtenidos por Luskin demuestran que cuando las personas perdonan, su nivel de ira y hostilidad disminuye; un hecho que, en ocasiones, se relaciona con mejorías en la hipertensión arterial.

El doctor Michael McCullough, profesor de la Universidad de Miami (EE.UU.), cree que los seres humanos estamos programados genéticamente tanto para buscar la venganza cuando nos atacan como para perdonar. ¿Qué circunstancias o características determinan si perdonamos o contraatacamos? Es más probable que perdonemos cuando vemos al transgresor como una persona que merece la pena, por ejemplo, alguien con quien tenemos una relación significativa, o si pensamos que puede ser valiosa en nuestra vida. También influye sentir que el transgresor no representa un nuevo riesgo: si ha expresado su arrepentimiento y ha pedido perdón, pensamos que no nos volverá a lastimar

Sabemos que es más fácil perdonar a quien ha actuado sin mala intención que al que nos ha lastimado deliberadamente. Y el carácter importa: a las personas empáticas les resulta más fácil perdonar. Algunos autores han lanzado la hipótesis de que el perdón tiene las mismas bases neurológicas que la empatía, y que tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro facilita que le perdonemos. ¿Siempre es bueno perdonar? No. En algunas ocasiones, perdonar puede traer más ofensas y riesgos si no se cumplen las condiciones de seguridad por parte del transgresor. Pero, en general, para muchas situaciones de la vida, el perdón tiene más ventajas que desventajas.



Everett Worthington, otro reconocido investigador sobre el perdón, dice que, al perdonar, nos liberamos a nosotros mismos. Él lo vivió en primera persona, ya que logró algo casi inimaginable: perdonar al asesino de su madre. Según Worthington, el perdón no es una sola acción, sino un proceso. ¿Cómo podemos ponerlo en marcha? Él nos propone cinco pasos, que en inglés se sintetizan en el acrónimo REACH, que significa "alcanzar":
R= Recordar el dolor: visualizar los eventos y las circunstancias de la ofensa.
E= Empatizar con el transgresor: tratar de comprender su punto de vista.
A= Altruismo: el perdón es un regalo que se da sin pedir nada a cambio.
C= Comprometerse públicamente a perdonar a esa persona.
H= Honrar ese compromiso: mantenerse decidido a perdonar.

Otros ejercicios que nos pueden ayudar a perdonar son intentar "soltar" un resentimiento cada día y escribir una carta de perdón a alguien, no para mandársela sino para leerla nosotros durante varios días.

El doctor Luskin nos recuerda que "vivir bien es la mejor venganza": en vez de seguir centrándonos en nuestros sentimientos heridos y dar con ello poder sobre nosotros a quien nos lastimó, aprendamos a buscar el amor, la belleza y la bondad a nuestro alrededor. Perdonar nos ayudará a recuperar la sensación de que tenemos poder sobre nuestra vida.



miércoles, 30 de enero de 2013

Causar buena impresión


Seguro que has conocido a personas con las que te has sentido incómodo desde el principio o que te han caído de maravilla de inmediato, y sin saber explicar muy bien por qué. Según los expertos, disponemos de entre siete y 17 segundos antes de que las personas se formen una opinión sobre nosotros. Aunque los hechos posteriores puedan servir para que reconsideren su primera impresión, es difícil que erradiquen por completo sus primeros sentimientos hacia nosotros. Para que la cosa marche bien hay unas pautas a seguir:

  • Da protagonismo a la otra persona. En lugar de hablar solo de ti, procura convertir a tu interlocutor en el centro de atención sin dejar de formar parte de la conversación.
  • Evita el "síndrome del gracioso". El humor es un buen recurso si se sabe cómo utilizarlo, pero, cuando no se conoce a la otra persona, es mejor evitar según qué chistes para no meterse en un terreno que, tal vez, pueda herir o molestar.
  • Muéstrate atento. Para confirmar que estás prestando atención, mira a la persona a los ojos y sonríe abiertamente cuando te hable.
  • Mantén una actitud positiva y trata de contagiarla. Demuestra con actos que quieres que se sienta bien en tu compañía. Y, sobre todo, sé tú. Muéstrate tal y como eres.
  • Escucha lo que te dicen. Muestra interés sincero y, sin interrumpir, da muestras de que sigues lo que te cuentan.
  • Observa sus respuestas y emociones. Procura ver cómo responde y trata de reconocer sus emociones. Te servirá para saber si es una persona tímida, si busca amigos o si está interesado en ti.
  • Ponte en su nivel de cordialidad. No hace falta que te muestres serio, especialmente si tratas con una persona de conversación alegre y desenfadada.
  • Hazte entender. La gente tímida tiende a murmurar en lugar de hablar, como si lo que tuvieran que decir no fuera importante. No tengas reparos en vocalizar bien.

lunes, 24 de diciembre de 2012

¿La familia influye en la aparición de la anorexia?


Según recientes investigaciones, sí: la anorexia nerviosa se gesta en la familia, nunca individualmente. El experto Salvador Minuchin concibe la enfermedad como el resultado de determinados modelos familiares. Las chicas anoréxicas crecen en familias controladoras, rígidas e incapaces de resolver sus conflictos de forma efectiva, en las que se valora la protección de los miembros mucho más que la autonomía y la realización personal.

Helen Bruch, pionera en el tratamiento de la anorexia, descubrió que las jóvenes anoréxicas proceden de hogares en los que los padres les imponen una identidad, marcada por la simbiosis y el aislamiento. Limitan el desarrollo de los hijos, de su fantasía y su crecimiento, poniendo como excusa que hay peligro en el exterior e implicándoles en su propia conflictividad. La madre suele ser pasiva y sometida a su cónyuge. El padre, preocupado por los éxitos sociales más que por lo que piensan o sienten los miembros de su familia.

Tanto el padre como la madre tienen una hiper exigencia cuando la hija llega a la adolescencia, quieren que sea mayor pero a la vez que no lo sea. Por lo tanto, ella, a través de la anorexia nerviosa, consigue un retraso en el crecimiento, una regresión.

Miedo a ser adulta. Como no llega a desarrollar un sentido claro del yo, no puede vencer los desafíos propios de la adolescencia. La edad adulta y en especial la sexualidad le asusta. Por eso, matarse de hambre es una manera de seguir siendo pequeña, asexuada y dependiente.

Control. La psicología cognitiva cree que las anoréxicas desarrollan una visión de la realidad tan pobre que les es imposible enfrentarse a la vida adulta. Como renuncian a cualquier modo de influir en los demás, acaban haciendo lo único sobre lo que tienen poder: renunciar a comer. Es una manera de decir: "Controlo algo. Nadie me puede obligar a comer".

Claves del tratamiento psicológico. Es frecuente que el terapeuta anime a la paciente a cuestionarse los valores culturales, enseñándola a valorarse a sí misma.

1.- Abandonar la tendencia al perfeccionismo, a ser menos estricta y crítica consigo misma.
2.- No permitir que la apariencia sea el asunto principal de su vida. Ha de buscar una causa en la que creer, una afición o actividad que le guste.
3.- Hablar sobre sus sentimientos. Para vencer la actitud de autonegación.
4.- Aprender a ser más firme al satisfacer sus necesidades. Cuidarse no es ser egoísta.



LOLA MAYO

Psicoterapeuta

martes, 27 de noviembre de 2012

Eliminar tensiones que nos bloquean


Una técnica para descargar miedo y tristeza


Practicando la biorrespiración podemos localizar y eliminar tensiones de nuestro cuerpo, así como sentimientos profundos bloqueados a lo largo de nuestra vida. La característica fundamental de la biorrespiración es que no se retiene el aire, no se hacen pausas. Se empieza con inspiraciones y expiraciones forzadas completas, cada cual a su ritmo, preferiblemente por la boca. Poco a poco se impone un ritmo inconsciente; la necesidad de respirar prevalece sobre el deseo de parar. A partir de entonces puede ser necesaria la presencia de un asesor que controle las reacciones, las descargas de tensión o las explosiones emocionales. Las sesiones pueden durar entre media y una hora, y conviene realizarlas en un lugar ventilado, silencioso y suavemente iluminado.