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miércoles, 4 de marzo de 2026

Fin al acoso escolar

 

Hacer sentir a los niños que son valiosos para los demás es una de las estrategias contra el acoso

 

En el acoso escolar, no hay que olvidar que hay tres partes implicadas: el acosador, la víctima y el resto del grupo, y que esta distribución de papeles puede cambiar en cualquier momento. Para combatir el problema es por tanto imprescindible llevar a cabo estrategias que prevengan la desigualdad de poder dentro del grupo. La prevención se basa en tres principios: el conocimiento y la aceptación de uno mismo, el respeto al otro y la participación del grupo en el bien de la comunidad. Cuando los niños son pequeños, esto se lleva a cabo mediante juegos basados en la percepción de "¿quién soy yo, quién eres tú?". Cuando son mayores, hay que ayudarlos a descubrir lo que cada uno tiene de original, de diferente, pero necesario para la riqueza de la convivencia. La educación en este sentido debe ser constante y progresiva.

APRENDER A REACCIONAR

Se trata de enseñar a los niños  a "estar con el otro", y también a cómo reaccionar frente a la intolerancia y la provocación, a reflexionar sobre cómo pueden controlar la ira... Una excelente estrategia en este sentido es que un niño que empieza a ser molestado por un provocador le responda con un "¿y?", enseñándole a defenderse usando técnicas de desarme de la agresión. Entre alumnos de más de trece años, otra estrategia muy efectiva es que aprendan a ser ellos mismos los generadores de nuevas normas, que sepan crear voluntariado dentro del aula para buscar soluciones a los conflictos y aprendan que éstos no son negativos en sí mismos, sino oportunidades para solucionar aquello que es perjudicial para todos. 

 

 

lunes, 12 de abril de 2021

Respetar la intimidad del otro

 


La pareja se constituye sobre la base del compromiso y respeto mutuos. Sin embargo, a veces, vulneramos el espacio personal del otro, llevados por la inseguridad y un irracional sentimiento de propiedad. Esto puede tener graves consecuencias.

  • Influidos por el engañoso concepto romántico de que los enamorados se convierten en una unidad indivisible, creemos que lo lícito es conocer todo lo que nuestra pareja hace, siente o piensa. Sin embargo, todos tenemos derecho a un espacio íntimo y personal en el que nadie debe entrar. Además, su existencia es vital para seguir enriqueciéndonos como personas y para mantener nuestra esencia. Fundirse el uno con el otro acabará por agobiarnos y sofocar peligrosamente la relación.
  • La persona con la que compartimos nuestro proyecto de vida está con nosotros libremente, por lo que no debemos sentirnos inseguros ni desconfiar de ella. Si algo nos hace pensar mal, debemos exponérselo inmediatamente, en lugar de hacer elucubraciones que nos angustien.
  • Es humano, pero muy poco recomendable caer en espiar las cosas del otro, como los emails o los mensajes de móvil. Nos hará ver fantasmas, incluso si no los hay, y estaremos violando su intimidad y haciendo algo que no querríamos que nos hicieran a nosotros.


martes, 26 de junio de 2012

Aceptar las críticas


Son un estímulo para el desarrollo personal, siempre que aprendamos a realizarlas y encajarlas. 

 Tienen mala fama, posiblemente porque estamos más acostumbrados a su faceta destructiva que a su aspecto enriquecedor. Pero sin esa capacidad para ver el lado menos favorable de las cosas nos privamos de la tensión que nos permite mejorar. 

 Sabemos que casi siempre es mejor expresar con tacto lo que nos desagrada que callarlo y dejar que el resentimiento crezca, pero primero hay que aprender a expresar y recibir las críticas. El objetivo de una crítica suele ser promover un cambio, sin embargo, a menudo no surte el efecto deseado. Si queremos que nuestro mensaje sea escuchado, es necesario emitir un juicio sin herir la estima de la otra persona, y eso no siempre es fácil. Es importante, en este sentido, respetar siempre el valor de la otra persona. La crítica que se utiliza como manipulación, para que los demás se adecuen a nuestros deseos, para descargar nuestra rabia o frustración, o para reafirmarnos como superiores supone menospreciar al otro y produce efectos nefastos.

 Para evitarlo, podemos empezar cualquier crítica con un reconocimiento sincero de las virtudes o de lo que nos aporta la otra persona. En ocasiones resulta útil indagar qué necesidad propia se esconde tras la crítica para poder expresarla de un modo personal, hablando de cómo nos sentimos o qué necesitamos, en lugar de acusar. Otra buena táctica es especificar al máximo lo que nos disgusta sin generalizar sobre toda la persona. Así reducimos la probabilidad de ofenderla y aclaramos nuestra demanda.

 Sin miedo al rechazo 

 Uno de nuestros mayores miedos es el temor al rechazo y, por eso, a menudo nos cerramos ante las críticas. Sin embargo, aunque podemos rechazar la imagen de nosotros mismos que nos ofrecen los demás, si lo hacemos, nos empobrecemos. Cuando existe una base de confianza y respeto, tanto los elogios como las críticas sirven como impulso de mejora.



CRISTINA LLAGOSTERA
  Psicóloga y Psicoterapeuta