Mostrando entradas con la etiqueta Madurez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madurez. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de marzo de 2025

Las edades del deseo

 

 

Hombres y mujeres viven su sexualidad de una forma distinta. A medida que pasan los años, estas diferencias se pueden agudizar o bien todo lo contrario, minimizarse hasta desaparecer. Sea cual sea el punto en el que te encuentres, un buen entendimiento puede mejorar la situación.

  • Al principio de la relación, tanto hombres como mujeres viven muy intensamente su sexualidad. El deseo está en su punto álgido y la sincronización es total.

  • La llegada de la rutina, las obligaciones domésticas, la maternidad, etc. suelen afectar más a la mujer, que, a menudo, se siente agobiada por el exceso de responsabilidades. El hombre, por el contrario sigue con el deseo intacto. Para equilibrar esta diferencia, es conveniente realizar un reparto justo de las responsabilidades domésticas y vivir la sexualidad de una forma más creativa.

  • Cuando se llega a la madurez (a partir de los 40-45 años) la mujer entra en una etapa de agudización del deseo. Se siente más segura de sí misma y de su sexualidad. El hombre, por el contrario, con problemas como el estrés laboral o el descenso hormonal, puede mostrarse algo más apático. En este caso, se aconseja hablar sobre la relación y buscar momentos de mayor intimidad (un viaje, un fin de semana solos...). Con tranquilidad, cariño y entendimiento, el deseo surgirá por sí solo.

martes, 24 de agosto de 2021

Parejas con diferencia de edad

 

El afán de vivir una segunda juventud puede verse colmado por la convivencia con alguien más joven, pero eso no debe cegarnos respecto a la realidad: los cambios que comporta el paso del tiempo son inevitables, pero también deseables y enriquecedores. Tener claro qué busca cada cual es fundamental para compartir el desigual estadio vital con cercanía y comprensión.


Las reacciones al paso del tiempo para afrontar los cambios físicos y personales y convivir con ellos varían según la madurez de cada uno. El envejecimiento es algo tan angustioso que las estrategias para negarlo pueden llevar a algunas personas a emparejarse con otras más jóvenes. Y es que la edad es un dato que, dependiendo de quien lo considere, va acompañado de imágenes que oscilan entre la idealización y el desprecio, como muestran expresiones del tipo "juventud, divino tesoro", "edad de la inocencia", "cincuentón" o "veterana".

Los hábitos culturales funcionan como un punto ciego que dificulta, cuando no impide, preguntarnos por qué se vive con cierta naturalidad la diferencia de edad en una pareja cuando el hombre es mayor que la mujer -aunque sea muy mayor- y, en cambio, con rechazo si es la mujer la que está con un hombre más joven. En estos emparejamientos tan dispares, ¿qué funciona como pantalla protectora frente a una realidad que angustia? Las diferencias no tienen que ver solamente con la edad, sino también con la dependencia desigual que se establece entre quien ofrece la protección y quien la recibe.

Quien asume el rol protector se adapta a las exigencias del otro en lugar de sostener su singularidad, y las personas protegidas, si bien dependen de las ventajas que reciben, se sienten, gracias a su juventud, con mayor capacidad para variar su elección de pareja. Hombres y mujeres también se diferencian en la apreciación del cuerpo que envejece. Cuando ellos hablan de las mujeres de más edad en términos peyorativos, no tienen en cuenta su propia edad. Para ellas, en cambio, la pérdida de juventud se convierte en una fuente de inseguridad. Sin embargo, los emparejamientos con personas más jóvenes permiten recuperar una imagen retrospectiva del propio cuerpo, por la identificación con el cuerpo joven del otro. A algunos hombres este emparejamiento les permite vivir la paternidad de un modo distinto al que disfrutaron en su momento con sus hijos. A algunas mujeres les aporta la satisfacción de tener un vínculo más sincero, menos posesivo, con una fidelidad no obligada, una mayor flexibilidad para experimentar con el sexo y más libertad personal. Además, al lado de un hombre joven tienen la posibilidad de ver realizados algunos de los sueños que el reloj biológico de la maternidad y la posterior crianza de los hijos había imposibilitado.


El deseo de vivir una segunda juventud es algo muy humano, y tener hijos es una forma de satisfacerlo, pero no la única. Disfrutar de una sexualidad joven por segunda vez es un deseo muy poderoso que hace comprensible querer compartir la vida con una pareja de menos edad en lugar de tener ante nuestros ojos el reflejo de lo que también somos y no queremos ser: una persona de nuestra misma edad a la que vemos envejecer con sus achaques y sus quejas por hacerse mayor. En cambio, una persona joven nos da otra perspectiva, nos hace recuperar la ilusión.

¿Qué es lo que espera una persona joven del vínculo con una persona mayor? Una mujer joven que está con un hombre mayor con cierto prestigio social gana autoestima; se siente poderosa al saberse elegida por un hombre que tiene muchas oportunidades a su alcance, además de protegida económicamente. Si este no es el caso, la relación puede estar teñida de cierto paternalismo que la reconforta , algo que no puede esperar de alguien de su edad. Por otra parte, un joven vinculado a una mujer mayor, si esta es famosa, obtiene una sensación de triunfo por haberla conquistado que aumenta su narcisismo, así como un reconocimiento social y una mayor facilidad para ver realizadas sus ambiciones personales. Cuando ella no es famosa ni rica, aparece con más claridad un erotismo teñido de un anhelo de trato maternal. Por este motivo, la prefiere a las mujeres de su edad, a quienes encuentra poco atractivas, ya sea por falta de experiencia, inhibiciones sexuales, falta de poder o de realización personal.

La fragilidad de estas relaciones no solo radica en que responden a un deseo de apuntalamiento narcisístico -otras relaciones con personas de la misma edad también pueden serlo- sino, fundamentalmente, por una realidad que supera todo lo imaginario: la desigual cercanía al fin de la vida.

La lógica de las relaciones amorosas se desarrolla en juegos de poder no cuestionados,silenciosos, a veces invisibles. En los vínculos no siempre se reconoce al otro en su alteridad, sino como el soporte de uno mismo. En este sentido, no hay resistencia más fuerte a la perplejidad que sentimos frente al otro que la que se construye entre dos personas que se unen para sostenerse. El ser humano es gregario, frágil frente a la decadencia, temeroso y negador frente a la muerte. Eso podría explicar por qué se establecen con mucha frecuencia este tipo de relaciones. Sin embargo, tienen un inconveniente que las debilita: la diferencia de edad puede impedir una comunicación más sólida, vital en los momentos de soledad. La persona de más edad puede no contar con el apoyo de su joven pareja porque la falta de experiencia le impide comprender sus carencias. Porque no solo en la imagen y un cuerpo joven sostienen los seres humanos sus necesidades de relación.


domingo, 1 de abril de 2012

Libérate de las frustraciones


Es un signo de madurez aceptar la realidad tal cual es

Las cosas no siempre salen como queremos y, la mayoría de las veces, no es por falta de ganas sino porque son muchos los hilos que mueven el mundo y que se escapan de nuestro control. Y ante eso, solamente tenemos dos opciones: enfadarnos o asumir con entereza los contratiempos.

"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada", decía el político Franklin Roosevelt. Visto así, es mejor frustrarse por no alcanzar nuestros sueños, que vivir una vida vacía, sin ilusiones ni retos. De lo que se trata, sin embargo, es de aprender a encajar los golpes tan bien como podamos. Eso no significa que debamos resignarnos o conformarnos con lo que "nos ha tocado vivir". Ni mucho menos. Para no volver a fallar el tiro, bastará con afinar la puntería, acercarnos un poco más al objetivo o bien esperar a que amaine el viento. "Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida", aseguraba el dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler.

Replantéate tus objetivos

  • Baja las expectativas. Calibrar de lo que somos o no somos capaces es tarea delicada. Si la meta es demasiado alta, la posibilidad de fracasar también es muy elevada”, afirma el filósofo José Antonio Marina en su libro “La inteligencia fracasada”. Ponte a pensar si estás pidiendo demasiado y, si es así, baja el listón. Es como apostar en la bolsa: cuanto más altas sean tus inversiones (tus expectativas), mayor será el riesgo.
  • Busca la lógica.Emprender metas contradictorias –prosigue Marina- produce inevitables fracasos”. Para evitar la decepción, deberás plantearte no sólo sueños alcanzables sino compatibles entre sí: trabajar menos horas es compatible con tu deseo de pasar más tiempo con tus hijos, pero puede ser incompatible con el de ahorrar más dinero. Si te das cuenta de que estás persiguiendo metas imposibles, lo único que tienes que hacer es priorizar: primero una y después la otra. Tal y como recoge el refranero popular: “No se puede estar en misa y repicando”.

Aprende a asumir la realidad

  • Disfruta de lo que eres y tienes. En lugar de sentirte desdichado/a o insatisfecho/a por todo lo que no puedes hacer por falta de dinero, salud, tiempo, contactos, etc. Piensa en cómo puedes sacar el máximo provecho a tu vida con las valiosas herramientas que sí tienes a tu alcance. Si tu mente está ocupada dando vueltas a todo eso a lo que has renunciado por ser madre/padre, tener que pagar una hipoteca, estudiar y trabajar a la vez, etc. La frustración te perseguirá sea cual sea el proyecto que emprendas. “Todo depende de dónde decides poner tu atención: en lo que consigues o a lo que renuncias. Una vez más… tú eliges”, advierte Carlos Odriozola, autor de “Psicología práctica para la vida”.
  • Dirige tu energía. Intenta centrarte en la solución y no en el resultado de tus esfuerzos. Si no quedan plazas libres en ese taller al que querías ir, no te paralices ni maldigas tu mala suerte. Invierte toda tu energía en buscar una alternativa. El plan B, en numerosas ocasiones, acaba siendo mejor que el A porque no depositamos en él tantas expectativas.
  • Fluye con la vida. Nos resistimos y enfadamos con el mundo porque hay algo que no estamos aceptando. Si analizas qué es –que los cambios no llegan cuando más los necesitas, que no tienes poderes para prever el futuro, que no puedes parar la lluvia con un chasquido de dedos, que no está en tu mano cambiar el humor de las personas que te rodean, etc.-, dejarás de nadar a contracorriente.
  • Cambia la actitud. Según la terapeuta Elsa Punset, “cuanto más tiempo vivimos presa de nuestras emociones negativas –ira, frustración, etc.-, más se instalan en nuestra mente”. A veces, nuestra decepción está plenamente justificada, pero si nos quedamos encallados en el victimismo, la injusticia o la impotencia, sólo lograremos aumentar nuestro resentimiento. No lo olvides: no eres responsable de lo que sucede a tu alrededor, pero sí de lo que sientes.
  • No todo está perdido. La decepción nos informa de que nuestras esperanzas no se han hecho realidad, pero nada dice sobre si se van o no a cumplir en el futuro. Así que no renuncies a tus sueños a la primera de cambio. Einstein sostenía que “la diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente”.

ENCUENTRA TU EQUILIBRIO INTERIOR

¿Quieres empezar a tomarte las cosas con más filosofía? El secreto está en no dejar de creer en ti, pase lo que pase. Las personas que tienen un buen nivel de autoestima han aprendido precisamente a eso: a capear el temporal sin perder la boya que les mantiene anclados en su centro.

  • CAMBIA EL ENFOQUE. ¿Qué el regalo que has hecho con tanta ilusión no ha tenido la buena acogida que esperabas? ¿Qué no has conseguido ese ascenso por el que tanto has luchado? No otorgues el poder de tu vida a los demás ni a factores externos, ajenos a tu voluntad. Si desdramatizas y lo analizas con un poco de perspectiva, llegarás a la conclusión de que no merece la pena dedicar toda tu energía a eso que te está desestabilizando. “La conducta del hombre –decía el psiquiatra y superviviente al holocausto Viktor E. Frankl- no viene dictada por las circunstancias que encuentra, sino por las decisiones que toma”.
  • DA TU BRAZO A TORCER. Nos sentimos frustrados cuando nuestro orgullo, que crece con la aprobación de los demás y siempre quiere salir airoso de cualquier batalla, queda malherido. Las personas que aprenden a aceptar un “no” por respuesta o que saben retirarse a tiempo, aunque sólo sea para planear una estrategia más ingeniosa, tal vez llegan un poco más tarde a la meta, pero en mejores condiciones. “Hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”, aseguraba el escritor argentino Jorge Luis Borges.