Mostrando entradas con la etiqueta Angustia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Angustia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Risa contra el estrés

 

 

¿Qué tal sustituir el botiquín por una buena colección de chistes y películas de humor? Esta propuesta no es descabellada, si consideramos el importante vademécum de dolencias y sentimientos negativos que pueden curarse con una buena carcajada. Tal y como afirma la terapeuta corporal Francisca García, experta en dinámica de la risa, "el humor en general y la risa en particular son una herramienta terapéutica magnífica para el tratamiento de enfermedades y están íntimamente relacionados con el bienestar y la salud".

CULTIVAR LA CARCAJADA

Numerosos estudios han demostrado que al reírnos favorecemos los sistemas cardiovascular, respiratorio, digestivo, inmunitario, muscular y endocrino. Además, hay una intensa relación entre la risa, la reducción de los niveles de estrés y la curación de problemas psíquicos como la depresión, la angustia, la falta de autoestima y los conflictos derivados de las relaciones personales. Pero hay más: la risa es estupenda para aumentar la creatividad y la imaginación, ya que favorece la segregación de adrenalina. También ejerce un efecto analgésico y ayuda a ponerse en forma -cinco minutos de carcajadas equivalen a unos 45 minutos de ejercicio físico.

UN EJERCICIO SALUDABLE

Según los expertos, se estima que con reírnos unas 30 veces al día se puede acceder a estos beneficios. Cuantas más carcajadas alegren nuestra jornada mucho mejor. ¿Qué hacer cuando el estado de ánimo no acompaña? Los especialistas aconsejan "forzar" un poquito la sonrisa, pues incluso simulada puede ser beneficiosa. Si no funciona, siempre queda un recurso infalible y es el de recuperar al niño interior y tratar de ver siempre el lado amable de la realidad; no en vano, hasta los seis años reímos unas 600 veces al día. 

 

lunes, 28 de junio de 2021

La experiencia del invierno

 

Ya no contamos los años por inviernos; a lo sumo por primaveras y en el caso de que se trate de una persona joven. Sobrevivir a la estación oscura y fría no es noticia, al contrario de lo que sucede con el esplendor juvenil. Se espera que el invierno sea benigno y pase lo antes posible. Pero se diría que al invierno no le gusta poner las cosas fáciles, no es su estilo. Por eso suele hacerse largo y duro de atravesar. Tanto, que empieza con unas prudentes vacaciones para alumnos y maestros, o con las salas de urgencias congestionadas de pacientes. Y su final viene a coincidir con la Semana Santa, donde se conmemora el triunfo de un amor que disipa las tinieblas. La vida será algo casi inevitable a partir de ese momento.

Pero hasta entonces hará falta previsión y perseverancia para desenvolverse por ese territorio. Los inviernos de hoy pueden ser más dulces que los de antaño gracias a la calefacción, si bien eso no basta para conjurar los peligros. El ánimo se contrae, la ansiedad acecha, las articulaciones o la espalda envían tal vez dolorosos mensajes. Es posible que nos envuelva un sentimiento de soledad o que un ser querido concluya su andadura por esta tierra.

El invierno no es un mero paréntesis en el conjunto del año. De alguna manera, nos propone un cambio de nivel. La luz o la alegría escasean fuera, habrá pues que bombearlas desde dentro. El frío poda lo superfluo y realza lo esencial por contraste. Las fiestas de Navidad y Año Nievo, a menudo desaprovechadas, ofrecen un viejo antídoto para reconciliarse con todos esos aspectos gracias al calor de la familia y los amigos.


martes, 1 de junio de 2021

Sin miedo a la muerte

 

Vivir nuestra vida con plenitud y generosidad, comprendiendo y ayudando a los demás, puede ser el mejor antídoto contra el temor a la muerte. Actuando de este modo ganamos autoestima y, quizá, la satisfacción íntima de que permaneceremos en la memoria de las personas que nos han amado.


Todos hemos vivido o viviremos la experiencia de la muerte de los demás, y nos conmociona especialmente la de nuestros familiares y amigos. Todos los muertos a los que hemos amado no han desaparecido, porque siguen presentes en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en una fotografía.

Los médicos y las enfermeras tuenen una relación estrecha con la muerte; tal es el caso de Gilbert Lagrue (1922-2016), Profesor universitario y medico hospitalario. Según sus propias palabras: "Cuando fui médico residente, en cada servicio la muerte era algo cotidiano, y sus causas, innombrables y desconocidas... hasta la autopsia del día siguiente. El contacto con la muerte me resultó particularmente penoso en los años que pasé en la sección de pediatría. Guardo un recuerdo doloroso de las leucemias agudas, mortales en pocas semanas. ¿Había que anunciar el diagnóstico ineludible o dejarles unas semanas de esperanza? Al no poder soportar tales sufrimientos, abandoné la pediatría".

El temor a la muerte es innato en el hombre. Desde que comprendió que los demás son otro yo y que todos pueden desaparecer, se despertó inmediatamente su angustia ante este fenómeno brutal e incomprensible contra el que está totalmente desprotegido.

Muchos de nosotros tememos a la muerte, algunos no hablan de ello pero padecen una angustia latente; otros procuran vencer su temor evocándola sin cesar, preparándola, codificando su funeral, eligiendo la música y los ornamentos. Algunos pueden inclinarse hacia la fe para asegurar su eternidad. Creyentes o no, muchos están ansiosos y temen a la enfermedad, es decir, el camino hacia la muerte. Griegos y romanos decían: "El sabio no teme a la muerte", algo fácil de decir, pero difícil de realizar; ¡quién tuviera la receta! En cualquier caso, podemos evocar la sabiduría de Montaigne: "Quien teme sufrir sufre ya de lo que teme". ¿Y qué es lo que más tememos? Ante todo, perder lo que la vida nos da, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, nuestros allegados, la sociedad, que, evidentemente, seguirá su evolución sin nosotros. Es un sentimiento de frustración por no estar presentes en ese espectáculo en el que somos a la vez actores y espectadores. Podemos padecer desgracias, la pérdida de seres queridos, dificultades materiales o sociales, pero nuestra reacción ante la desgracia depende en gran medida de nuestras posibilidades psicológicas para analizar adecuadamente esas dificultades, conocerlas y poder aceptarlas.



La mejor estrategia que se debe elegir para no sentir la angustia de la muerte es aumentar la autoestima, el aprecio por nuestra vida y todo lo que comporta, como si su completa apreciación fuera un mecanismo que permite llegar a aceptar también la muerte. En su libro Cuento de Navidad, Charles Dickens describe cómo el viejo usurero Scrooge ve en su sueño su propia tumba en el cementerio. Se repliega entonces sobre sí mismo, comprende que está arruinando su vida y cambia de comportamiento; se interesa por los demás, se convierte en una persona altruista y generosa. ¡La vida le hace feliz! Si debido a un accidente grave comprendemos que hemos estado a punto de morir, modificamos la importancia concedida a ciertos acontecimientos. Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente, no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las "espinas de la vida". Deberíamos pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que, en todo caso, no revestirán gravedad unos meses o unos años más tarde. Es fácil de decir y difícil de hacer, sobre todo al principio, pero tomar distancia es necesario para hacer lo que creemos justo y útil. Y actuar así nos aportará una mayor satisfacción íntima. Esta actitud mental debe adoptarse en todos los instantes de la vida.

La neurosis de la muerte no se cura con ficciones o ilusiones inútiles, sino con un trabajo filosófico y psicológico personal, bien definido, sobre uno mismo y sus pensamientos: es el aprendizaje de la serenidad. Gracias a este tipo de introspección racional es posible adquirir la distancia necesaria. Es a un tiempo más digno y más eficaz tener una idea real de la muerte y encontrar en uno mismo el medio de no sufrir pensando en todo lo que la vida nos ha aportado. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos conocido en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, alguna experiencia, y transmitirles ideas o conocimientos.

Todo lo que sabemos nos enseña que vivir es una oportunidad, a menudo a pesar de la enfermedad y la minusvalía. Creyentes, agnósticos o ateos, lo esencial es la vida que elegimos. Esta puede ser plena y gozosa si respetamos a los demás, si somos altruistas, capaces de ayudar, de comprender y de remediar el sufrimiento de los demás. Creo que sobreviviré un tiempo más o menos largo si mi recuerdo, mi impronta, permanece en la mente de algunos. Debemos cultivar siempre la alegría de vivir, apreciar el momento presente, no lamentar el pasado, saber conservar la libertad interior. "He decidido ser feliz porque es bueno para la salud", escribió Voltaire. Todos los datos actuales de la psicología demuestran que el aprendizaje de la serenidad es posible y que esta constituye un elemento que contribuye a la buena salud física y mental. En el torbellino de la vida, reservarse un tiempo para uno mismo, para la reflexión o la meditación, es indispensable.



lunes, 27 de febrero de 2017

Evita la dependencia excesiva hacia tu pareja


El amor es entrega, pero hasta cierto punto. Cuando se pierde la conciencia del propio yo para fundirse completamente en el otro, estamos hablando de una situación anómala que debe reconducirse.

  • Señales de alarma. Para saber si la situación adquiere tintes preocupantes, debemos estar atentos a estos síntomas: angustia o tristeza ante la separación aunque tan sólo sea de unas horas, posesividad excesiva, celos injustificados, falta de respeto por la libertad del otro, dificultad para controlar los impulsos (gritos, acusaciones...), comportamientos irracionales, etc.
  • La clave, la confianza en uno mismo. Cuando se llega a este tipo de situaciones, se debe trabajar individualmente aspectos importantes como la autoestima, el respeto por uno mismo, la realización personal, etc.
  • Recuperar la propia identidad. Es posible que la persona que está muy pendiente de su pareja, haya olvidado su realización personal. Para cambiar esta situación, se debe desarrollar la individualidad potenciando las actividades sociales, apuntándose a cursos, etc.
  • Controlar la ansiedad. Los ejercicios de relajación y las aficiones son una ayuda para dejar de obsesionarse.



jueves, 2 de enero de 2014

Dejar de preocuparse


Imaginar con miedo lo que nos puede pasar en el futuro deja una huella negativa en nuestro cerebro. Centrarnos en el presente es el mejor antídoto contra el temor.


Nuestro cerebro es capaz de inventar recuerdos de hechos que nunca ocurrieron y reservarles un espacio relevante en la memoria. Éste es el sorprendente descubrimiento de un equipo de investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison (EEUU), y sería una noticia maravillosa si sólo imagináramos cosas agradables. Sin embargo, muchos de estos recuerdos inventados se refieren a situaciones amenazantes o traumáticas, hechos que anticipamos porque los tememos. Y es que la mera preocupación por los sucesos desagradables que puedan llegar a ocurrirnos se graba también en el cerebro con la misma intensidad que un recuerdo negativo real.


EL CIRCUITO DEL MIEDO

Cuando algo nos preocupa, activamos un "circuito del miedo" en nuestra mente. En él se asocian los posibles hechos negativos con las imágenes y las emociones correspondientes. Este circuito propicia la grabación profunda en la memoria de estos pseudo recuerdos.
Según los autores del estudio, estas imágenes terribles de desastres imaginarios y su recuerdo podían tener sentido en épocas remotas, pero actualmente no nos aportan ninguna ventaja adaptativa como especie.


PENSAR EN POSITIVO

Cuanto más tiempo pasemos pensando en las situaciones que nos intranquilizan, más profundo será su recuerdo en nuestra mente -incluso aunque nunca se hagan realidad- y más angustiosa nos resultará la posibilidad de enfrentarnos a una situación similar en el futuro. A la vista de estos descubrimientos, la recomendación de vivir el momento presente y cultivar el pensamiento positivo cobra más sentido que nunca.




viernes, 18 de enero de 2013

Complejo de Cenicienta


El complejo de Cenicienta pueden padecerlo desde amas de casa sumisas hasta profesionales cualificadas que bajo una fachada de éxito ocultan el miedo y necesitan subordinarse o depender de otras personas. Para la psicóloga norteamericana Colette Dowling, autora del libro El complejo de Cenicienta, este tipo de  mujer esconde un tremendo miedo a la independencia. El deseo de que otras personas cuiden de ellas las sume en una especie de letargo que les impide desarrollar sus facultades y creatividad. "Como Cenicienta -explica- estas mujeres esperan algo que venga a transformar sus vidas". Y ese algo, por lo general, es un hombre, un príncipe azul que llega para salvarlas. Un varón en el que apoyarse y que les evite el esfuerzo de enfrentarse a la vida. Ese anhelo de que alguien cuide de ellas tiene mucho que ver con la forma en que se ha sido educada en la infancia. Y es que las actitudes protectoras y discriminatorias de muchos padres hacia sus hijas acaban por convertirlas en seres dependientes y asustados.

Los síntomas más característicos de alguien aquejado de este complejo son: una autoestima penosamente baja; indecisión e inseguridad (aunque aparentemente se comporten con dominio de sus sentimientos) que pueden llegar a desembocar en angustia, depresión o abandono de ilusiones para buscar la protección de un hada madrina.

Aprender a tomar resoluciones, coger las riendas y cargar con la propia vida no resulta nada fácil, pero los psicólogos recomiendan una serie de acciones para aumentar la seguridad:


  • Sentirse necesitada de protección y amparo no es malo, pero si has renunciado a una parte esencial de ti misma y no sabes asumir las responsabilidades, debes esforzarte por liberarte de las ataduras que te inmovilizan.
  • Comienza a atribuirte algún mérito y virtud.
  • No te responsabilices de los fracasos de los demás.
  • Enfrentarse a las situaciones de riesgo y a los sentimientos nuevos incrementa el espíritu aventurero. ¡No huyas y empieza a hacerlo!
  • Acepta la responsabilidad de tomar decisiones y emitir juicios. Basta de acomodarte a las opiniones y sugerencias de los demás.
  • Deja de creerte una víctima. Tú eres la responsable tanto de tu felicidad como de tu desdicha. Conviértete en dueña de ti misma.
  • Intenta independizarte económicamente, si puedes; y si eres ama de casa ten muy claro que no tienes que pedir permiso a tu marido para comprarte un vestido o darte un capricho. Él trabajará fuera de casa, pero tú lo haces dentro y para toda la familia, así que el dinero es de los dos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Confía en tu propia intuición


Nicholas Hall, director de la Escuela de Graduados de la Universidad de Stanford (EE. UU.), nos anima en un artículo publicado en la revista Positive Psychology News a poner en práctica su método para rehuir la angustia que suponen las tareas y resoluciones pendientes. Se trata de darse un plazo de tiempo determinado para tomar la decisión y aprender a confiar en nuestra intuición. Una vez tomada la resolución, hay que centrarse en los aspectos positivos de la misma, en los beneficios que nos supondrá y en el tiempo que hemos ganado para disfrutarlos. De este modo, no nos asaltará la duda de si hemos tomado la decisión adecuada y dejaremos de angustiarnos por las tareas que vamos postergando.