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martes, 30 de diciembre de 2025

Atrévete a opinar

 

Muchas personas, especialmente las mujeres, se sienten culpables cuando manifiestan abiertamente sus opiniones y necesidades y, al hacerlo, tienden a disculparse con frases como "Lo siento mucho, pero tengo que volver a molestarte..." o "Si no te importa, me gustaría...". Los psicólogos relacionan esta manera de expresarse con una baja autoestima y animan a liberarse de esta actitud para mejorar el concepto que se tiene de uno mismo. Un primer paso para conseguirlo es expresar los deseos o peticiones de forma breve y concreta, y adoptar una actitud decidida mirando al interlocutor a los ojos. Cambiar estos pequeños gestos nos llevará a ganar confianza y seguridad, y nuestros deseos serán atendidos de forma más eficaz. Aunque el verdadero cambio se produce al autoconvencerse de que tiene pleno derecho a manifestar los pensamientos o exigencias. Algo que, según el psicólogo Robin Lakoff, profesor de la Universidad de Berkeley, cuesta más a las mujeres por la etiqueta de "ciudadanas de segunda" que han arrastrado durante siglos.

 

martes, 11 de abril de 2017

El árbol de los problemas


Un carpintero había estado todo el día trabajando en una vieja granja. La jornada ya empezó mal, porque se le rompió  la sierra eléctrica y tuvo que repararla, lo cual le hizo perder más de una hora. Pero cuando se disponía a regresar, se encontró con otro imprevisto: el motor de su furgoneta se negaba a arrancar.
El hombre estaba tan angustiado, que el granjero decidió acompañarlo con su propio coche. Cuando llegaron, el carpintero le dijo que entrase en casa un momento para conocer a su familia y tomarse algo. Antes de abrir la puerta, el carpintero hizo un extraño gesto que llamó la atención de su acompañante. Tocó con las puntas de los dedos las ramas del árbol de su jardín y, de golpe, su rostro cambió. Toda sombra de preocupación se disipó y, en su lugar, brilló una sonrisa con la que saludó a sus hijitos y besó a su esposa.
Antes de regresar a su hogar, el granjero, lleno de curiosidad, le preguntó al carpintero el porqué de su raro comportamiento. El hombre le respondió ."Éste es mi árbol de los problemas en el que cada noche, al volver a casa, los cuelgo para que no afecten a mi familia. Lo más curioso es que, al día siguiente, parece que ya no hay tantos como la noche anterior".


viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Quieres ser más feliz? Olvídate de ser perfecto


Ser demasiado perfeccionista conduce a la aparición de estrés, ansiedad y trastornos alimentarios. Los expertos recomiendan fijarse metas realistas y entender que los errores son oportunidades para crecer como personas


“Lo más liberador es que te gusten tus imperfecciones”. Esta frase de la escritora Virginia Wolf podría resumir las conclusiones a las que han llegado los doctores Martín M. Antony y Richard P. Swinson, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de McMaster, en Hamilton (EE UU), para quienes la actitud excesivamente perfeccionista está asociada a una mayor presdisposición a padecer depresión, ira incontrolada, preocupación, y ansiedad social. La razón radica, según los expertos, en las elevadas autoexigencias a las que se someten las personas demasiado perfeccionistas. A estas personas, la posibilidad de cometer un error les produce un gran temor al fracaso, síntomas de ansiedad y un gran sentimiento de inutilidad. Las consecuencias son entre otras una baja autoestima y todo tipo de trastornos alimentarios.

Ser menos exigentes

Antony y Swinson aseguran que mediante una serie de estrategias y pautas de conducta es posible “desactivar” esa tendencia al perfeccionismo excesivo, minimizando la angustia y consiguiendo una autoevaluación positiva. Marcarse unas metas realistas, que respondan a los deseos y necesidades particulares, y fijarse unos límites de tiempo para cada proyecto son algunas de las propuestas de los expertos para frenar el exceso de autoexigencias. También es muy importante cambiar los pensamientos negativos y catastróficos respecto a la posibilidad de cometer errores por una sana aceptación de nuestras equivocaciones. Además, se recomienda establecer prioridades, diferenciando lo que es importante de lo que no lo es, y evaluar el éxito no solo en función de los logros sino de lo que se ha disfrutado en alcanzarlo.

Aceptar los errores

Pero lo esencial es ser indulgente con uno mismo y aprender a considerar los puntos débiles como limitaciones propias de cualquier ser humano. Todas éstas son conductas que permiten cometer errores sin sentirse culpable y entenderlos como “pistas” que nos indican dónde podemos incidir para mejorar.