Para combatir el problema del acoso en las escuelas, los expertos recomiendan intervenir sobre los preescolares. Sólo durante los primeros años se les puede enseñar a confiar en los adultos para resolver el problema.
Según las últimas estadísticas hasta un 10% de los niños y adolescentes españoles sufren acoso escolar (también conocido por bullying). El acoso puede ir desde la violencia psicológica -insultos, burlas, desprecios. exclusiones- hasta la agresión física e incluso sexual. Los agresores suelen operar en grupo intimidando a cualquier testigo, con lo que tienen vía libre para llevar a cabo las vejaciones. Incluso la víctima calla por miedo a las represalias. En la actualidad, los expertos en educación se hallan diseñando programas para detener esta nueva plaga que amenaza con seguir extendiéndose las escuelas. Según ellos, las medidas a adoptar pasan por una intensa prevención durante la primera infancia y un cambio de mentalidad general que rehúse la concepción de que esos problemas "son cosa de niños". Con esa premisa, se acaba tomando por normal lo que consideraríamos inaceptable entre adultos.
PREDISPOSICIÓN AL ACOSO
Según los psicólogos, la violencia tiene raíces profundas que pueden remontarse hasta etapas muy tempranas de la vida. La empatía, la capacidad para ponerse en el lugar del otro, es una asignatura que no se aprende. Es una función del cerebro mamífero primitivo -el cerebro emocional- y se desarrolla en la etapa de estrecha dependencia de la madre.
Los niños con carencias afectivas en estas etapas desarrollan una predisposición a la violencia que la escuela simplemente no puede cambiar.
PREVENIR LOS CONFLICTOS
Pero los centros educativos sí pueden invertir esta tendencia con una educación que conceda más importancia a los aspectos emocionales y éticos y con mecanismos de detección precoz de los conflictos. La condición es que todo ello se inicie cuando el niño tiene 4 o 5 años, edad en la que todavía acepta ñas intervenciones de los adultos y no tiene ningún reparo en contarle a su maestra que un niño le ha pegado. Esto permite detectar los acosos y que los niños se habitúen a implicar a los adultos en un problema que, por sí solos, no pueden resolver.

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