lunes, 28 de junio de 2021

La experiencia del invierno

 

Ya no contamos los años por inviernos; a lo sumo por primaveras y en el caso de que se trate de una persona joven. Sobrevivir a la estación oscura y fría no es noticia, al contrario de lo que sucede con el esplendor juvenil. Se espera que el invierno sea benigno y pase lo antes posible. Pero se diría que al invierno no le gusta poner las cosas fáciles, no es su estilo. Por eso suele hacerse largo y duro de atravesar. Tanto, que empieza con unas prudentes vacaciones para alumnos y maestros, o con las salas de urgencias congestionadas de pacientes. Y su final viene a coincidir con la Semana Santa, donde se conmemora el triunfo de un amor que disipa las tinieblas. La vida será algo casi inevitable a partir de ese momento.

Pero hasta entonces hará falta previsión y perseverancia para desenvolverse por ese territorio. Los inviernos de hoy pueden ser más dulces que los de antaño gracias a la calefacción, si bien eso no basta para conjurar los peligros. El ánimo se contrae, la ansiedad acecha, las articulaciones o la espalda envían tal vez dolorosos mensajes. Es posible que nos envuelva un sentimiento de soledad o que un ser querido concluya su andadura por esta tierra.

El invierno no es un mero paréntesis en el conjunto del año. De alguna manera, nos propone un cambio de nivel. La luz o la alegría escasean fuera, habrá pues que bombearlas desde dentro. El frío poda lo superfluo y realza lo esencial por contraste. Las fiestas de Navidad y Año Nievo, a menudo desaprovechadas, ofrecen un viejo antídoto para reconciliarse con todos esos aspectos gracias al calor de la familia y los amigos.


lunes, 21 de junio de 2021

Tips para disfrutar más del día a día

 

UNA SOLA COSA CADA VEZ

Todos tenemos cosas pendientes que queremos, tenemos o deberíamos hacer, pero ¿cuál es la que puedes hacer ahora y disfrutar? ¿Una? Pues a por ella, céntrate en esa, vívela al máximo y luego ve a por la segunda. Verás como te sientes mejor.


PRACTICA LA FLEXIBILIDAD

No pongas mala cara si tu pareja o tus amigos han cambiado de planes. Decide que vas a pasarlo genial con la nueva propuesta y lo más probable es que lo consigas. Ser flexible es una virtud que te ayudará a tomarte la vida con menos exigencia.


PLANTÉATE UN RETO

¿Algo ha salido mal? No pierdas el tiempo compadeciéndote, extrae lo positivo de la experiencia, busca un nuevo objetivo y enfócalo bien. Escribe qué quieres conseguir, todos los pasos que debes dar para lograrlo y ponte en marcha.




lunes, 14 de junio de 2021

Las cinco etapas del cambio

 

La psicóloga Sherrie Bourg nos anima, desde Harvard Health Publications, a descubrir las etapas que todo cambio requiere para saber en qué punto nos hallamos y cómo pasar al siguiente:

1. Precontemplación. Aún no sabemos que hay algo que debe cambiar. Una lectura, un amigo... nos pueden ayudar a tomar conciencia.
2. Contemplación. Tenemos conciencia de que el cambio es necesario, pero no hay compromiso, solo estudiamos si valdrá la pena.
3. Preparación. Hacemos planes para el cambio, es bueno que sean realistas y que contemplen los obstáculos que pueden aparecer.
4. Acción. Nos ponemos manos a la obra para llevarlo a cabo y hacer frente a los desafíos que surjan.
5. Mantenimiento. Llegaremos a esta etapa tras llevar seis meses de cambio estable y consistente.



martes, 1 de junio de 2021

Sin miedo a la muerte

 

Vivir nuestra vida con plenitud y generosidad, comprendiendo y ayudando a los demás, puede ser el mejor antídoto contra el temor a la muerte. Actuando de este modo ganamos autoestima y, quizá, la satisfacción íntima de que permaneceremos en la memoria de las personas que nos han amado.


Todos hemos vivido o viviremos la experiencia de la muerte de los demás, y nos conmociona especialmente la de nuestros familiares y amigos. Todos los muertos a los que hemos amado no han desaparecido, porque siguen presentes en nuestros pensamientos, en nuestras acciones, en una fotografía.

Los médicos y las enfermeras tuenen una relación estrecha con la muerte; tal es el caso de Gilbert Lagrue (1922-2016), Profesor universitario y medico hospitalario. Según sus propias palabras: "Cuando fui médico residente, en cada servicio la muerte era algo cotidiano, y sus causas, innombrables y desconocidas... hasta la autopsia del día siguiente. El contacto con la muerte me resultó particularmente penoso en los años que pasé en la sección de pediatría. Guardo un recuerdo doloroso de las leucemias agudas, mortales en pocas semanas. ¿Había que anunciar el diagnóstico ineludible o dejarles unas semanas de esperanza? Al no poder soportar tales sufrimientos, abandoné la pediatría".

El temor a la muerte es innato en el hombre. Desde que comprendió que los demás son otro yo y que todos pueden desaparecer, se despertó inmediatamente su angustia ante este fenómeno brutal e incomprensible contra el que está totalmente desprotegido.

Muchos de nosotros tememos a la muerte, algunos no hablan de ello pero padecen una angustia latente; otros procuran vencer su temor evocándola sin cesar, preparándola, codificando su funeral, eligiendo la música y los ornamentos. Algunos pueden inclinarse hacia la fe para asegurar su eternidad. Creyentes o no, muchos están ansiosos y temen a la enfermedad, es decir, el camino hacia la muerte. Griegos y romanos decían: "El sabio no teme a la muerte", algo fácil de decir, pero difícil de realizar; ¡quién tuviera la receta! En cualquier caso, podemos evocar la sabiduría de Montaigne: "Quien teme sufrir sufre ya de lo que teme". ¿Y qué es lo que más tememos? Ante todo, perder lo que la vida nos da, todo cuanto vemos a nuestro alrededor, nuestros allegados, la sociedad, que, evidentemente, seguirá su evolución sin nosotros. Es un sentimiento de frustración por no estar presentes en ese espectáculo en el que somos a la vez actores y espectadores. Podemos padecer desgracias, la pérdida de seres queridos, dificultades materiales o sociales, pero nuestra reacción ante la desgracia depende en gran medida de nuestras posibilidades psicológicas para analizar adecuadamente esas dificultades, conocerlas y poder aceptarlas.



La mejor estrategia que se debe elegir para no sentir la angustia de la muerte es aumentar la autoestima, el aprecio por nuestra vida y todo lo que comporta, como si su completa apreciación fuera un mecanismo que permite llegar a aceptar también la muerte. En su libro Cuento de Navidad, Charles Dickens describe cómo el viejo usurero Scrooge ve en su sueño su propia tumba en el cementerio. Se repliega entonces sobre sí mismo, comprende que está arruinando su vida y cambia de comportamiento; se interesa por los demás, se convierte en una persona altruista y generosa. ¡La vida le hace feliz! Si debido a un accidente grave comprendemos que hemos estado a punto de morir, modificamos la importancia concedida a ciertos acontecimientos. Todos estamos condenados, hay que ir siempre a lo esencial, vivir plenamente el instante presente, no malgastarlo reaccionando con excesiva vehemencia a las "espinas de la vida". Deberíamos pensar que lo más importante en la vida es no conceder importancia a las cosas que no la tienen, o que, en todo caso, no revestirán gravedad unos meses o unos años más tarde. Es fácil de decir y difícil de hacer, sobre todo al principio, pero tomar distancia es necesario para hacer lo que creemos justo y útil. Y actuar así nos aportará una mayor satisfacción íntima. Esta actitud mental debe adoptarse en todos los instantes de la vida.

La neurosis de la muerte no se cura con ficciones o ilusiones inútiles, sino con un trabajo filosófico y psicológico personal, bien definido, sobre uno mismo y sus pensamientos: es el aprendizaje de la serenidad. Gracias a este tipo de introspección racional es posible adquirir la distancia necesaria. Es a un tiempo más digno y más eficaz tener una idea real de la muerte y encontrar en uno mismo el medio de no sufrir pensando en todo lo que la vida nos ha aportado. Para mí, el mejor medio de sobrevivir es estar presente en la memoria de quienes nos han amado, de las personas que hemos conocido en nuestra vida, sobre todo si hemos podido aportarles alguna ayuda, alguna experiencia, y transmitirles ideas o conocimientos.

Todo lo que sabemos nos enseña que vivir es una oportunidad, a menudo a pesar de la enfermedad y la minusvalía. Creyentes, agnósticos o ateos, lo esencial es la vida que elegimos. Esta puede ser plena y gozosa si respetamos a los demás, si somos altruistas, capaces de ayudar, de comprender y de remediar el sufrimiento de los demás. Creo que sobreviviré un tiempo más o menos largo si mi recuerdo, mi impronta, permanece en la mente de algunos. Debemos cultivar siempre la alegría de vivir, apreciar el momento presente, no lamentar el pasado, saber conservar la libertad interior. "He decidido ser feliz porque es bueno para la salud", escribió Voltaire. Todos los datos actuales de la psicología demuestran que el aprendizaje de la serenidad es posible y que esta constituye un elemento que contribuye a la buena salud física y mental. En el torbellino de la vida, reservarse un tiempo para uno mismo, para la reflexión o la meditación, es indispensable.



lunes, 24 de mayo de 2021

Aprender a perdonar

 

El perdón es un bálsamo para quien lo recibe y para quien lo da. Pero perdonar no siempre es fácil. Necesitamos dejar de centrarnos en nuestros sentimientos y buscar la bondad a nuestro alrededor.

En septiembre  se celebra el Yom Kippur, la fecha más señalada del calendario hebreo: el Día de la Expiación. Durante esa jornada se pide perdón a Dios, y durante los 10 días que le preceden, las personas buscan a quienes han ofendido para pedirles disculpas y así empezar bien un nuevo año, como una hoja en blanco. Es un ritual muy hermoso y el escritor suizo Alain de Botton, autor, entre otros libros, de Las consolaciones de la filosofía y La arquitectura de la felicidad, ha afirmado que sería bueno que existiera un Día del Perdón en todas las religiones, ya que, en general, no somos muy buenos para pedir disculpas ni para perdonar.

Aunque no todas las religiones tienen un ritual específico sobre el perdón, la mayoría de las tradiciones espirituales dan un valor importante a la capacidad de perdonar, y las diferentes culturas reconocen la importancia que tiene para la convivencia humana y el bienestar personal. Los científicos también están interesados en entender esta capacidad tan humana, en la última década se ha multiplicado el número de investigaciones sobre el perdón y sus consecuencias. Entre los expertos sobre el tema destacan los doctores Frederic Luskin, de la Universidad de Stanford (EE:UU.), y Robert Enright, de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.).

Ambos han definido distintos aspectos del perdón. Por un lado, este consiste en poder sentirnos menos ofendidos y enojados y dejar de culpar a quien nos ha lastimado. Por otro, el perdón también implica estar dispuestos a abandonar nuestro derecho a estar resentidos, a juzgar negativamente y a tratar con indiferencia a quienes nos han ofendido, para cultivar, en cambio, virtudes como la compasión y la generosidad. Perdonar implica cambiar nuestras respuestas destructivas y transformarlas en conductas que promuevan el buen funcionamiento de la sociedad.



Perdonar es diferente que excusar o justificar una falta. Tampoco significa olvidar o negar lo sucedido. Es cierto que el perdón puede llevar a la reconciliación o a la reparación de la relación entre la víctima y quien comete la ofensa, pero estas dos situaciones no van de la mano necesariamente, por ejemplo, se puede perdonar a alguien y no desear seguir teniendo una relación con esa persona.

Como sucede con otras virtudes, la capacidad de perdonar no se nos da automáticamente. Tenemos que aprenderla y desarrollarla. Basta con observar a padres , madres y maestros de niños pequeños para ver cuánto tiempo dedican a enseñarles a pedir perdón y a otorgarlo. A quienes tienen hijos quizá no les sorprenda enterarse de que algunas investigaciones han encontrado que los niños tienden a perdonar menos que los adultos y que los adultos mayores parecen ser quienes perdonan con más facilidad.

¿Por qué es importante perdonar? Las razones no son solo filosóficas. El doctor Martin Seligman ha descubierto que la salud física, especialmente la salud cardiovascular, tiende a ser mejor entre las personas que perdonan que entre las que no lo hacen. Otras investigaciones indican que el perdón tiende a asociarse con el bienestar psicológico y físico y con las buenas relaciones interpersonales. Las personas propensas a perdonar también suelen presentar menos ansiedad, depresión y hostilidad. Asimismo, la capacidad de perdonar se asocia a tener más emociones positivas, a sentir mayor satisfacción con la vida y tener menos síntomas físicos.



Diversos estudios indican que existe una relación entre el perdón y el estrés, y que los niveles de estrés y los síntomas físicos que lo acompañan pueden disminuir cuando las personas son capaces de perdonar. Por ejemplo, una investigación realizada por el equipo del doctor Luskin con un grupo de asesores financieros detectó que, después de que estos siguieran un programa para facilitar el perdón, sus niveles de estrés no solo bajaron mucho, sino que su grado de satisfacción con la vida mejoró y su productividad aumentó un 25%. Los datos obtenidos por Luskin demuestran que cuando las personas perdonan, su nivel de ira y hostilidad disminuye; un hecho que, en ocasiones, se relaciona con mejorías en la hipertensión arterial.

El doctor Michael McCullough, profesor de la Universidad de Miami (EE.UU.), cree que los seres humanos estamos programados genéticamente tanto para buscar la venganza cuando nos atacan como para perdonar. ¿Qué circunstancias o características determinan si perdonamos o contraatacamos? Es más probable que perdonemos cuando vemos al transgresor como una persona que merece la pena, por ejemplo, alguien con quien tenemos una relación significativa, o si pensamos que puede ser valiosa en nuestra vida. También influye sentir que el transgresor no representa un nuevo riesgo: si ha expresado su arrepentimiento y ha pedido perdón, pensamos que no nos volverá a lastimar

Sabemos que es más fácil perdonar a quien ha actuado sin mala intención que al que nos ha lastimado deliberadamente. Y el carácter importa: a las personas empáticas les resulta más fácil perdonar. Algunos autores han lanzado la hipótesis de que el perdón tiene las mismas bases neurológicas que la empatía, y que tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro facilita que le perdonemos. ¿Siempre es bueno perdonar? No. En algunas ocasiones, perdonar puede traer más ofensas y riesgos si no se cumplen las condiciones de seguridad por parte del transgresor. Pero, en general, para muchas situaciones de la vida, el perdón tiene más ventajas que desventajas.



Everett Worthington, otro reconocido investigador sobre el perdón, dice que, al perdonar, nos liberamos a nosotros mismos. Él lo vivió en primera persona, ya que logró algo casi inimaginable: perdonar al asesino de su madre. Según Worthington, el perdón no es una sola acción, sino un proceso. ¿Cómo podemos ponerlo en marcha? Él nos propone cinco pasos, que en inglés se sintetizan en el acrónimo REACH, que significa "alcanzar":
R= Recordar el dolor: visualizar los eventos y las circunstancias de la ofensa.
E= Empatizar con el transgresor: tratar de comprender su punto de vista.
A= Altruismo: el perdón es un regalo que se da sin pedir nada a cambio.
C= Comprometerse públicamente a perdonar a esa persona.
H= Honrar ese compromiso: mantenerse decidido a perdonar.

Otros ejercicios que nos pueden ayudar a perdonar son intentar "soltar" un resentimiento cada día y escribir una carta de perdón a alguien, no para mandársela sino para leerla nosotros durante varios días.

El doctor Luskin nos recuerda que "vivir bien es la mejor venganza": en vez de seguir centrándonos en nuestros sentimientos heridos y dar con ello poder sobre nosotros a quien nos lastimó, aprendamos a buscar el amor, la belleza y la bondad a nuestro alrededor. Perdonar nos ayudará a recuperar la sensación de que tenemos poder sobre nuestra vida.



lunes, 17 de mayo de 2021

El síndrome de alineación parental no existe

 

Los problemas en las relaciones no son trastornos mentales, subrayan especialistas norteamericanos.

La Asociación Americana de Psiquiatría, responsable del Manual Internacional de Diagnósticos Psiquiátricos (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) Ha concluido que la alienación parental, como síndrome y trastorno, no existe como enfermedad mental. "No es un trastorno en un individuo", ha dicho el doctor Darrel Regier, vicepresidente del grupo de trabajo para la elaboración del manual. "Es un problema de relación entre padres e hijos, o entre los progenitores. Y los problemas en las relaciones, en sí mismos, no son trastornos mentales".


UN FUERTE IMPACTO

Durante años, la Asociación Americana de Psiquiatría ha sufrido las presiones de individuos y grupos que sostenían que la alienación parental es una alteración que surge cuando, en una separación, uno de los cónyuges -casi siempre la madre- "lava" el cerebro de su hijo o hija para denigrar al otro progenitor. Para Claudia Truzzolli, psicóloga y psicoanalista, se trata de "un concepto invocado para explicar, en todos los casos sin ninguna especificación, que si un hijo se niega a tratar a su padre es porque su madre le ha vuelto en su contra con un previo lavado de cerebro".

"Lo cierto es que es un concepto peligroso inteligentemente promovido como estrategia legal de mercado que ha causado mucho daño a las víctimas de abusos", opinan desde la Organización Nacional de Mujeres de Estados Unidos. Tanto allí como en España y otros países, grupos de afectadas y asociaciones feministas que trabajan con mujeres maltratadas, así como prestigiosos juristas, psiquiatras y psicólogos lo han denunciado como un concepto potencialmente peligroso. Richard Gardner, creador del concepto, propuso como tratamiento la llamada "terapia de la amenaza", cuyo propósito es reforzar la separación entre madre e hijo, evitando todo tipo de contacto.



lunes, 10 de mayo de 2021

Ir a un balneario mejora la salud

CONVIENE QUE EL TRATAMIENTO INCLUYA DIETA



Pasar una semana en un balneario o en un spa siguiendo una dieta ligera es más que un lujo. Según un estudio realizado en la Universidad Thomas Jefferson y publicado por Integrative Medicine. A Clinician's Journal, la estancia puede implicar un cambio cualitativo en la salud. Aunque el tratamiento en balnearios posee siglos de tradición, hasta ahora apenas se habían realizado análisis de los efectos de un tratamiento habitual. Andrew Newberg, director de investigación en el Centro de Medicina Integrativa Jefferson-Myrna Brind, diseñó una cura modelo para el estudio que incluía dieta terapéutica (a base de fruta, vegetales crudos y al vapor, infusiones laxantes...), meditación, hidroterapia de colon y yoga. El plan fue seguido pr 15 personas sanas de 13 a 85 años, a las que se realizaron exhaustivas series de análisis antes y después de la semana en el balneario. La evaluación de los resultados evidenció una pérdida de peso en torno a los 3 kg, un descenso del 7,7% en la presión arterial diastólica y del 5,2% en el colesterol, así como una disminución de los niveles de mercurio  (un metal neurotóxico). El estudio también constató una reducción en los niveles de ansiedad y depresión. Las conclusiones de los investigadores pueden servir para que los médicos receten curas en balnearios que incluyan dieta como parte de sus tratamientos ante enfermedades frecuentes.


lunes, 3 de mayo de 2021

Vivir con un propósito

 

Fijar nuestros propios objetivos y poner todo nuestro empeño en realizarlos nos aporta equilibrio y fuerza interior


Vivir sin propósito es vivir a merced del azar -del acontecimiento fortuito, de la llamada telefónica o el encuentro casual- porque no tenemos una norma que nos permita juzgar qué vale la pena hacer y qué no. Las fuerzas exteriores nos impulsan, como un corcho que flota en el agua, sin que nuestra iniciativa fije un curso específico. Vamos a la deriva. En cambio, vivir con propósito es utilizar nuestras facultades para lograr las metas que hemos elegido: estudiar, crear una familia, empezar un negocio, mantener una relación romántica feliz. Son nuestras metas las que nos impulsan, las que vigorizan nuestra vida.

De todos modos, los propósitos que nos animan tienen que ser específicos. Yo no puedo organizar mi conducta de manera óptima si mi objetivo es únicamente "hacer lo que pueda". Mis metas tienen que ser concretas: salir a correr treinta minutos cuatro veces por semana, completar una tarea (bien definida) en diez días, comunicar a mi equipo en nuestra próxima reunión exactamente lo que exige el proyecto... Con este grado de concreción puedo controlar mi progreso, comparar las intenciones con los resultados, modificar mi estrategia y ser responsable de lo que consigo. Vivir con propósito es interesarse por estas preguntas: ¿Qué estoy intentando conseguir? ¿Cómo lo estoy haciendo? ¿Por qué pienso que estos medios son adecuados? ¿Tengo que hacer algún ajuste en mi conducta? ¿Tengo que reelaborar mis objetivos?

Así pues, vivir con propósito significa vivir con un alto nivel de consciencia. A la mayoría de las personas le resulta más sencillo comprender estas ideas aplicadas al mundo laboral que a las relaciones personales. En las relaciones íntimas es fácil imaginar que con el amor basta, que la felicidad llegará algún día, y si no llega, es porque no encajamos. Las personas rara vez se preguntan: "Si mi meta es tener una relación con éxito, ¿qué debo hacer? ¿Qué acciones son precisas para crear y mantener la confianza, la intimidad, la excitación, el crecimiento?". Los propósitos que no se relacionan con un plan de acción no se realizan. Solo existen como anhelos frustrados.


Vivir con propósito exige cultivar en nosotros mismos la capacidad de autodisciplina, o lo que es lo mismo, organizar nuestra conducta en el tiempo al servicio de tareas concretas. La autodisciplina consiste en ser capaz de posponer la gratificación inmediata al servicio de una meta lejana. Es la capacidad de proyectar al futuro las consecuencias de pensar, planificar y actuar a largo plazo. Pero una vida con propósito no significa no dedicar tiempo o espacio a descansar, relajarse, aprovechar el ocio y tener actividades superficiales o incluso frívolas. Simplemente significa que estas actividades se eligen conscientemente. Y en cualquier caso, el abandono temporal de todo propósito también tiene el suyo, tanto si se busca conscientemente como si no: la regeneración.

Vivir con propósito supone aceptar cuatro cuestiones:

  • Asumir la responsabilidad de la formulación de nuestras metas y propósitos de manera consciente. Para tener el control de nuestra propia vida, tenemos que saber lo que queremos y dónde queremos llegar: ¿Qué quiero para mí en cinco o diez años? ¿En qué quiero que consista mi vida?

  • Interesarse por identificar las acciones necesarias para conseguir nuestras metas. Si nuestros propósitos son propósitos y no ensoñaciones, tenemos que preguntarnos: ¿Cómo voy a llegar desde aquí?

  • Controlar la conducta para verificar que concuerda con nuestras metas. Podemos tener propósitos definidos claramente y un plan de acción razonable, pero nos salimos del camino a causa de distracciones, problemas inesperados, por la presión de otros valores o por una reordenación inconsciente de nuestras prioridades.

  • Prestar atención al resultado de nuestros actos para averiguar si conducen adonde queremos llegar. Nuestras metas pueden estar claras y nuestros actos ser congruentes, pero nuestros cálculos sobre los pasos que tenemos que dar pueden resultar incorrectos. Quizá no tuvimos en cuenta algunos hechos. Quizá algún elemento ha cambiado el contexto



Que la práctica de vivir con propósito sea esencial para la autoestima no debe entenderse como que la medida de la valía de una persona son sus logros externos. Admiramos los logros -los nuestros y los de los demás-, y es natural y adecuado que lo hagamos. Pero esto no quiere decir que la autoestima dependa de ellos. La raíz de nuestra autoestima no está en nuestros logros sino en aquellas prácticas generadas desde el interior que, entre otras cosas, nos permiten alcanzarlos.

Vivir con propósito es una orientación fundamental aplicable a todas las facetas de la vida. Significa que vivimos y obramos de acuerdo con nuestras verdaderas intenciones, una característica distintiva de las personas que tienen un alto nivel de control sobre sus vidas. La práctica de vivir con propósito es el quinto pilar de la autoestima.


Fuente: Los seis pilares de la autoestima, de Nathaniel Branden


lunes, 26 de abril de 2021

Tips para subir el ánimo

 


DISEÑA UN PROGRAMA. Cada vez que se presente un cambio importante en tu vida, prepara un programa de acción claro. Tener tu propio plan te ayudará a mantenerte en una actitud positiva y evitará que la incertidumbre te bloquee o te hunda.

BUENOS MOMENTOS. El cerebro tiende a recordar más las experiencias negativas que las positivas. Por fortuna, también se sabe que los nuevos patrones de pensamiento pueden cambiar la fisiología del cerebro. Por eso cada vez que algo bueno te ocurra, disfrútalo, saboréalo con conciencia unos minutos.

CREA UNA ATMÓSFERA de confianza para que las personas que te rodean se sientan cómodas para decir lo que piensan y den rienda suelta a su creatividad. No se trata de recrearse en los errores sino de ser capaces de dirigir las conversaciones hacia la búsqueda de soluciones.


lunes, 19 de abril de 2021

Por qué es tan importante la amistad


Disfrutar de la compañía de nuestros amigos es mucho más que una forma agradable de pasar el rato. La amistad nos hace mucho más felices y mejora nuestra salud, tanto física como mental.

  • Relacionarse con nuestros congéneres es una necesidad primaria. La pertenencia a un grupo social proporciona, en todas las especies, seguridad, protección y, por lo tanto una mayor posibilidad de supervivencia.

  • Este instinto atávico está todavía presente en los seres humanos. Según recientes estudios, disfrutar de una buena amistad aumenta las endorfinas (las hormonas del bienestar), por lo que nos hacen sentir más felices y optimistas.

  • La amistad también influye muy positivamente en nuestra salud. Según el estudio citado anteriormente, las personas que disfrutan de la compañía de buenos amigos pueden vivir hasta un 22% más que los que prefieren la soledad, además de disfrutar de una mejor forma física.

  • La amistad, además, contribuye a aumentar la autoestima. Disfrutar de una vida social satisfactoria, ser apreciado y valorado por nuestros semejantes, nos hace personas más sólidas, positivas y mucho más confiadas.