martes, 10 de diciembre de 2013

PSORIASIS VULGAR



La psoriasis es una enfermedad inflamatoria, no contagiosa y crónica de la piel. que cursa presentando lesiones en forma de placas descamativas sobre una base de color rojo brillante. Suele aparecer en forma de brotes que se controlan con un tratamiento y seguimiento adecuados.

CAUSAS.- Se desconoce la causa, aunque parecen intervenir factores genéticos, siendo más probable en familiares que la padecen. Existen diferentes desencadenantes que favorecen la aparición de un brote o empeoramiento del mismo en personas que ya la sufren. Los más probables son:
-Alcohol y tabaco, entre otros tóxicos.
-Estrés.
-Los climas fríos y secos (mejora en verano).
-Rasguños, golpes o cicatrices: es frecuente que aparezca una placa en esas zonas.
-Algunos medicamentos como, por ejemplo, los antiinflamatorios.
-Factores hormonales: puede empeorar en la pubertad y la menopausia.
-Obesidad.
-La presencia de una infección.

SÍNTOMAS.- La psoriasis vulgar es la forma de presentación de casi el 90% de las personas que padecen esta dolencia y se trata de placas bien definidas con escamas en la superficie de un color nacarado, que se suelen localizar sobre todo en codos, rodillas y cuero cabelludo, aunque también pueden aparecer en tronco y extremidades. Estas manchas se extienden y cubren áreas mayores en la piel, pudiendo provocar algo de picor. La psoriasis siempre cursa en brotes (intermitente) de forma crónica.
En las personas inmunodeprimidas o con enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, los síntomas de la psoriasis pueden ser muy severos.

DIAGNÓSTICO.- Fundamentalmente se diagnostica a través de la exploración, con la inspección visual y la palpación de las placas presentes, así como por su distribución en las diferentes zonas que afecta en el organismo.
Aunque en muy pocas ocasiones, si existen dudas en el diagnóstico, se puede realizar una biopsia cutánea.

TRATAMIENTO.- Es importante saber que no es curativo, aunque sí ayuda a mejorar los brotes y a reducirlos.
Se suele iniciar con un tratamiento tópico (aplicado directamente sobre la piel), en forma de cremas de corticoides o con queratolíticos (consiguen disminuir la descamación) o con fármacos análogos de vitamina D (disminuyen las células que se acumulan y forman las placas).
A veces, dependiendo de la extensión o localización, se debe realizar un tratamiento vía oral o se puede recomendar la fototerapia, que es muy eficaz y se basa en una exposición controlada por el dermatólogo de luz ultravioleta (UVA o UVB), que consigue reducir la inflamación y disminuir el número de brotes.




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